Los chanantes

La semana pasada fui a un teatro de Bilbao y vi el espectáculo Viejóvenes, de Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla. Algunos de nuestros lectores no sabrán quiénes son estos dos individuos: se trata de los líderes del grupo cómico responsable de programas televisivos como La Hora Chanante, Muchachada Nui o Museo Coconut. Estos cómicos son los catalizadores de un humor insólito que funde la inteligencia más depurada, que es la inteligencia del humor del absurdo, con el casticismo de la provincia, y en este caso con la idiosincrasia manchega: Reyes y Sevilla son albaceteños y tienen tanto oído para el habla de su tierra como el que tienen José Mota o Almodóvar.

El espectáculo es un show de sketches en el que el propósito es lograr la hilaridad continua, sin interrupciones, y para eso Sevilla y Reyes siguen las directrices antes expuestas: se orquesta una situación absurda, se adereza esa situación con elementos del surrealismo y se desarrolla bajo los parámetros del habla coloquial manchega y echando mano con espíritu jocoso de los recursos oratorios más manoseados y refranescos que se escuchan en los pueblos. Insisto en que Reyes y Sevilla son unos señores que han escuchado atentamente todo el saber consuetudinario que se transmite oralmente, en la calle o en familia, desde tiempo inmemorial, y son capaces de redistribuir toda esa jerga en sus diálogos, haciéndolo con la maestría del buen músico, que toca siempre la nota correcta, la que es pertinente. Además, eso se combina con referencias cercanas para los viejóvenes, que somos ese público que tiene alrededor de cuarenta años y que se encuentra en la encrucijada de la madurez sin haber madurado nada todavía. Hay que decir que el tono aparentemente castizo que tiene el espectáculo puede hacernos pasar por alto el relieve de algunas de las referencias que exponen estos cómicos, que son personas cultas, licenciados en Bellas Artes, pero que están desprovistos de la petulancia de cualquiera que vaya de artista. Los chanantes usan su bagaje cultural para reírse de los aspectos más pomposos de la cultura. Como actores/intérpretes, cada uno de los cómicos usa distintas armas: Reyes es un actor más natural y versátil, y Sevilla es un intérprete dramático más limitado pero con una mayor vis cómica; por decirlo de otra manera, Reyes es más actor y Sevilla es más personaje, y ambos se complementan de manera idónea.

Como hemos dicho, en este mundo hay elementos absurdos de varia e ilustre procedencia (Jardiel Poncela, Mihura) que se ubican en una situación dramática surrealista (basada muy principalmente en el universo de los Monty Python) y que se desarrollan por los caminos del acervo manchego y popular. Esta combinación es, para mi gusto, sensacional. El espectáculo de los chanantes dura dos horas y ése es el tiempo que yo estuve riéndome a carcajada limpia, con momentos múltiples de ahogo y de dolor mandibular.

Con respecto a este humor chanante, uno va viendo que cada uno de los elementos que lo componen llega a un determinado tipo de público: los rasgos absurdos e ilustrados gustan a la gente más sofisticada, mientras que el tono agropecuario formal hace gracia a otras personas, quizá más agropecuarias. Desgraciadamente, algunas personas no pillan el absurdo y además se ofenden con la vulgaridad de lo castizo, que les parece el colmo del mal gusto. Yo me encuentro en una situación idílica porque lo pillo todo y todo me hace gracia, y, de hecho, me hacen mucha gracia los componentes aislados del espectáculo y me hace más gracia aún el resultado combinativo de semejante mezcla. La idea de usar cualquier cosa para hacer reír, esa idea de no desechar nada aunque parezca demasiado culto, o demasiado soez, o demasiado bajo, es una idea que rondaba la cabeza de mucha gente pero que tuvo su consolidación en la figura de Mel Brooks, director y guionista de películas cómicas, quien durante cincuenta años lleva proclamando su disposición a utilizar cualquier cosa para provocar la risa (Brooks dijo una vez que sus películas “se elevan por debajo de la vulgaridad”). Los chanantes siguen esa ley y todo lo arrojan en su olla, aunque tienen la capacidad de hacerlo con las medidas exactas.

Hemos desplegado esta glosa del universo chanante por dos motivos: en primer lugar, por si algún lector despistado aún no conoce a estos cómicos, y con el ánimo de que empiece a verlos; y, en segundo lugar, porque nosotros consideramos que Reyes, Sevilla y todos sus colaboradores han creado un modelo único en el humor español, y queremos ponerlo de manifiesto. Estos señores utilizan elementos químicos conocidos y obtienen un resultado nuevo, inaudito y sin precedentes, que, para una persona como yo, que es capaz de reírse con muchas cosas, supone un descubrimiento de una riqueza jocosa inefable. Es importante señalar esto porque insisto en que cierto público considera que estos chanantes son unos manchegos que dicen bobadas sin sentido. Nosotros pensamos que son una revelación.

Lo bueno sería que todos nuestros lectores busquen material chanante en las fuentes habituales y vean cuáles son las sensaciones que este humor les provoca.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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