Las series infantiles (I): Dora la Exploradora

En este blog hay una vocación casi imperceptible de servicio público, que a veces sale a la superficie. Con el texto de hoy iniciamos una serie breve de análisis sobre las diferentes ofertas televisivas infantiles, ofertas que este servidor de ustedes ha podido estudiar pormenorizadamente merced a las sesiones televisivas desarrolladas junto a sus hijos. La intención que tenemos es la de orientar a los adultos desde parámetros alejados de la pedagogía moderna y más próximos a la gramática parda de la dinámica familiar diaria, mucho más complicada de lo que parece.

Me gustaría abrir esta serie con la descripción de un programa de dibujos animados de gran éxito: Dora la Exploradora. Dora es una niña mejicana que en cada episodio se propone llegar a algún lugar en compañía de un mono mutante y conseguir determinado logro relacionado con el propio desplazamiento. Para alcanzar esa meta, Dora utiliza un mapa que canta y una mochila de la que sale una cantidad inverosímil de objetos que Dora utilizará para resolver los problemas que se le plantean. Por el camino se encuentra con varios animales parlanchines (de carácter amistoso)  y con un zorro escurridizo que quiere siempre robar algo, aunque en términos generales todos los personajes que aparecen en la serie se caracterizan por la bondad extrema, incluyendo el supuesto villano, este zorro Swiper, que es inofensivo, de una candidez impresionante. El episodio siempre acaba con el triunfo inevitable de Dora y de Botas (que así se llama el compadre simiesco).

Esta serie televisiva tiene tres rasgos distintivos: en primer lugar, Dora y sus amigos hablan en inglés o en castellano alternativamente y sin aparente criterio; esta práctica parece tener como fin el aprendizaje del idioma por parte de los espectadores, un fin loable. En segundo lugar, Dora y Botas lanzan repetidamente preguntas al público que está viendo el programa, con la intención de que los niños participen activamente y resuelvan problemas sencillos, de acuerdo con su edad. Estas llamadas a la participación son canónicas en todos los espectáculos de guiñol de cualquier época (en el guiñol, el muñeco pide a los niños que le avisen si viene el lobo, y en cuanto el lobo aparece por detrás todos los niños gritan). Por último, otro rasgo distintivo de la serie es su carencia de humor. No hay ningún chiste, ni hay juegos de palabras ingeniosos, ni siquiera hay porrazos o caídas (tan aplaudidas por cualquier menor de edad). Ningún niño se ríe nunca viendo Dora la Exploradora.

También debemos añadir que las canciones que se cantan en esta serie son horripilantes, o al menos lo son en la versión española. En esta versión doblada, la instrumentación musical es chapucera y cutre, y en concreto el mono Botas canta desafinando indefectiblemente, más como un perro que como un mono. Por último, señalaremos que ésta es muy probablemente la serie infantil más estática, lenta y rígida que hay en la programación. Su ritmo es extremadamente moroso, y a los adultos nos cuesta mucho seguir la serie sin caer en una modorra blanda.

Pese a estos defectos aparentes, el hecho misterioso pero real es que esta serie infantil mantiene a los niños de menos de cuatro años completamente hipnotizados y estupefactos. Cualquier adulto que haya visto este programa al lado de algún niño sabe perfectamente que esta hipnosis es un efecto garantizado que se produce siempre, solamente interrumpido cuando  suena alguna de las cacofónicas canciones, momento en el que buena parte de los niños mueven acompasadamente el culete. Pero en general los niños que ven Dora la Exploradora permanecen en un estado comatoso de parálisis que facilita a sus padres el desarrollo de actividades ajenas a sus hijos, con lo cual existen muchas posibilidades de que ciertos padres más o menos aprovechados programen Dora en cuanto se avecina cualquier berrinche infantil.

En este sentido, la serie constituye un elemento imprescindible en la dinámica paternofilial de hoy en día, basada no en el disfrute mutuo sino en que los padres vayan soportando a sus hijos de la mejor manera posible. Desde este punto de vista, Dora la Exploradora es un triunfo absoluto y definitivo.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

3 comentarios en “Las series infantiles (I): Dora la Exploradora”

  1. Acertadísima descripción! añadiría que cuando hablan en inglés, el nivel de pronunciación es igual de patético que el de calidad de las canciones y la música. Ahora mismo estoy escuchando como “gritan” para conseguir una estrella… “EEstaaaaar!”

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