Batum o la realidad

Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 están a punto de terminar con gran éxito. Estos Juegos se han desarrollado con el sentido de la urbanidad típicamente británico y con la irresistible mezcla inglesa de conservadurismo e irreverencia. Como se sabe, mucha gente está disfrutando de las diferentes competiciones a través de la televisión; en este sentido, cuando llega la Olimpiada uno siempre se encuentra con alguien que dice que se ha pasado la tarde viendo gimnasia artística, o bádminton, o taekwondo. Hay muchas personas que en esos momentos de fervor olímpico dicen que a ellas todos estos deportes les encantan. Yo sospecho que este apasionamiento es relativo, o , en todo caso, ocasional; si fuera verdad, estos deportes no serían minoritarios, y los jugadores de bádminton no se moverían en los círculos de modestia en los que indudablemente se habrán de mover cuando se acaba una Olimpiada. Si todos fuéramos realmente tan aficionados a estos deportes, nuestros hijos no llevarían camisetas de Cristiano Ronaldo, sino que irían disfrazados de chinos que juegan al ping-pong, o se vestirían con las bragas náuticas y los gorritos con orejeras de los que juegan a waterpolo, quienes, por cierto, bajo su apariencia ridícula serían personas perfectamente multimillonarias. Pero me temo que no hay tal. Los piragüistas olímpicos, por ejemplo, con su dolorosísimo ejercicio de brazos y con las consiguientes agujetas, son aficionados, cosa de un mérito impresionante y que remite al origen de eso que se llama el espíritu olímpico. Y son amateurs porque el público, a quien parece que le encanta ver la competición olímpica de piragua, ese público, digo, se olvida de la piragua en cuanto se acaban los Juegos.

Yo creo que lo que de verdad gusta es la competición entre países, y los himnos, y la llama olímpica, y creo que estas cosas gustan mucho a nuestras tías y a nuestras abuelas, que no suelen seguir ningún deporte (y esto lo digo con todo el respeto y como un elogio hacia ellas). Las señoras siguen los Juegos Olímpicos porque a estas señoras les apasionan los uniformes y la música, y porque les gusta señalar la cara de ruso que tiene el ruso de la jabalina, y porque les gusta ponerse del lado de los australianos (que suelen caer bien) y en contra de los alemanes (que caen peor) al ver cualquier partido: el partido es lo de menos. Pero sospecho que al comprador habitual del diario “Marca” la Olimpiada le parece una cosa blanda, amateur y desmayada. En estos Juegos, lo más atractivo para ese comprador de “Marca” habrá sido el España-Francia de baloncesto que se jugó ayer: un partido aburrido y bronco que acabó con el puñetazo definitivo de Batum a Navarro, un puñetazo sin segundas lecturas. En este sentido, la Olimpiada es una ilusión de pureza que se escenifica cada cuatro años: lo que es real y cotidiano, lo que mueve a las masas y mueve por tanto las masas de dinero a toneladas, es el energumenismo de Batum.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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