Existe un porcentaje indeterminado de la población española que utiliza recurrentemente en su discurso hablado la expresión fueraparte. Al parecer, y por lo que uno ha podido investigar, este vocablo se usa para aludir a un concepto que es el mismo que el que definimos cuando decimos aparte o además. Es decir, que si uno dice, por ejemplo, «tenemos en casa tres televisores, fueraparte del que tenemos en la cocina», uno está intentando decir en realidad «tenemos tres televisores, aparte del que tenemos en la cocina»; en este caso, además, puede ser que el hablante tenga en su casa demasiados aparatos de televisión, dicho sea de paso.
El caso es que hay algunas personas que dicen fueraparte, y no parece que haya razones suficientes para utilizar tal expresión; en concreto, las voces aparte o además son más cortas y económicas, y en principio aluden al mismo significado. Digo en principio porque en realidad la locución fueraparte es un adefesio lingüístico de muy difícil asimilación: hasta la Real Academia Española, que ha reconocido en su diccionario expresiones tan chocantes como cederrón (CD ROM) o guay, registra fueraparte, aunque lo considera un despropósito. Pero el palabro está recogido.
¿De dónde viene la expresión fueraparte? Algunos dicen que su origen hay que situarlo en Cádiz, o que, al menos, es en Cádiz donde su uso está más extendido, pese a que en toda España hay personas que lo pronuncian recurrentemente. Sin embargo, repito que no se ven motivos prácticos para pronunciar este vocablo, debido a que desde un punto de vista morfológico es un vocablo más largo, complicado y absurdo que aquellos a los que sustituye. O sea, que las razones para su uso deben ser puramente estilísticas. Es posible que para un grupo concreto de los españoles, fueraparte sea un término que puede representar una cierta sofisticación estética, y en consecuencia fueraparte debe aportar para estas personas un plus de distinción en el habla. Hay determinadas personas que creen que diciendo fueraparte cada dos por tres están enriqueciendo su discurso, igual que hay otros que dicen continuamente inclusive, utilizándolo incluso al principio de la frase (o inclusive al principio de la frase). En realidad, los que dicen fueraparte tienden también a decir inclusive, y se sienten personas muy importantes.
Y luego están los casos digamos crónicos, que tienden a utilizar palabras como éstas y las aderezan con frases hechas utilizadas incorrectamente, en un conjunto discursivo que le deja a uno literalmente atónito. Una vez me encontré con una persona que me dijo lo siguiente: “Nunca como en casa de mi suegra, fueraparte de los domingos. Pero inclusive en esos días mi suegra me pone siempre paella y yo le digo que a ver si cambia un poco el menú, pero ella sigue inri que inri”. Esta persona, además de utilizar un formulario expresivo terrible, se reveló como un ser desagradecido e irrespetuoso con su suegra, que muy probablemente sea una persona que merezca todos los respetos. Se empieza diciendo fueraparte y se acaba menospreciando a los suegros, que, como ya he dicho anteriormente en este miserable blog, es una cosa que no debe hacerse bajo ningún concepto.
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