El ascenso de VOX

Por resumirlo haciendo una mínima generalización, se puede afirmar que el fenomenal éxito de VOX está en llevar la política al terreno del sentimiento. VOX es un partido que se niega a acatar la famosa frase de que la política es el arte de lo posible y, por el contrario, está dispuesto a eliminar de su discurso cualquier cosa viable que entorpezca la musiquilla de la afectividad y la pasión. No es cierto que todas las iniciativas que proponen estos señores sean irrealizables, sino más bien que las posibilidades de realizarlas son secundarias frente a la utilidad propagandística que pueden proporcionarles. Una propuesta sentimentalmente válida no puede abandonarse por el mero hecho de que no pueda ponerse en práctica.

En origen, VOX nació como un partido reaccionario. Hay que pedir al señor lector que no trate de ver ninguna intención valorativa en este adjetivo, puesto que aquí todo se hace con ánimo descriptivo y analítico. VOX es un partido que ha surgido como reacción contra algo, y en este caso contra la deriva que, según este partido, está viéndose en España. VOX apareció en el panorama político porque, según los fundadores, el PP no combatía con la suficiente fuerza política la acción de las fuerzas separatistas, comunistas y contrarias a lo que estos señores de VOX consideran que son las esencias del país.  

Por tanto, VOX nace como partido rupturista: se propone desbaratar la inercia que arrastra al país. En este sentido, VOX se ha postulado en contra del Estado de las Autonomías y es muy crítico con muchas cosas que durante años se han dado automáticamente por válidas en España, como la denominación de nacionalidades con la que la Constitución identifica muy confusamente a algunas identidades de España. VOX también cree que hay que desbaratar la dinámica en pro de los movimientos LGTBIQ y alguna otra sigla que seguramente nos dejemos en el tintero; VOX piensa que hay una mano oculta que quiere adoctrinar a nuestros hijos para demoler las costumbres ancestrales, la institución familiar tradicional y, así, llevarnos a un mundo rebosante de sexo poliédrico, polimorfo, multiforme y no binario. En esta línea, VOX considera que podemos llegar a tener problemas para la perpetuación de la especie humana.

VOX es también un partido crítico con el globalismo elitista y climático, el foro de Davos y la gran conspiración de las fuerzas ocultas, y opina que España debería defender mejor sus fronteras. En esta línea, el partido verde considera oportuno ir deslizando entre el electorado una formidable mezcla de miedo y aprensión contra determinados miembros de la comunidad inmigrante o, como se dice ahora, migrante, que llega pero que igual pasa de largo, que migra.

VOX además es el partido de la bandera rojigualda, del enaltecimiento y la reivindicación de la historia del imperio español, de la defensa de la tan denigrada conquista de América y del reconocimiento de la labor de difusión mundial de la fe cristiana por parte de los españoles.  

Si uno reflexiona sobre todo esto, puede pensar que VOX es un partido nacionalista, fundamentalmente en relación con la primera acepción del vocablo en el diccionario de la RAE, en el que se define el nacionalismo como un sentimiento fervoroso de pertenencia a una nación y de identificación con su realidad y con su historia. VOX tiene una idea muy específica y concreta de lo que es la nación española.

Estas cosas y alguna más conforman el catálogo ideológico de VOX, con el que está alcanzando sucesivas cotas electorales y llegando a unos niveles de éxito verdaderamente impresionantes.

Nosotros pensamos que la estrategia de este partido, yendo por esta vía sentimental tan impactante y que tan bien conecta con el corazón de buena parte del electorado, se encontrará con un problema fundamental: la vacuidad de toda esta afirmación melodramática no tiene demasiadas aplicaciones prácticas ni puede traducirse en grandes iniciativas parlamentarias, lo cual puede llevar a que, en cuanto gobierne VOX, los simpatizantes del partido se encuentren con la decepción de que España siga siendo igual de comunista, separatista y feminazi que cuando gobernaban los rojos. Desengaño, frustración: las mismas sensaciones que han sentido los votantes de Podemos cuando han visto que ese partido, ya en el Gobierno, no era capaz de traer la dictadura del proletariado. La utopía se derrumba al tocar las alfombras del ministerio.

Pero el problema fundamental de VOX es, a nuestro juicio, un problema de enfoque. VOX es un partido que proclama amor incondicional a la nación española, una nación en la que no cree una parte muy nutrida de los mismos españoles. Sí. El concepto de nación que tiene VOX no es compartido por esa considerable porción del electorado que está representada por los partidos nacionalistas periféricos, los izquierdistas y demás grupúsculos inflados parlamentariamente por la ley D’Hont. En todo caso, en conjunto se trata de mucha gente, casi la mitad de los españoles. Y esa gente tiene sus personalísimas ideas de nación, como conjunto de personas unidas por un sentimiento vecinal, comarcal, autonómico, qué se yo.

Así que VOX quiere mucho a España pero quiere muy poco a casi la mitad de los españoles, que son unos separatistas y unos rojos.

Enarbolar los sentimientos siempre da votos. Y uno está en su derecho a combatir los sentimientos folclóricos con otros sentimientos folclóricos contrapuestos y tan válidos como los primeros, por qué no, dado que, en cuestiones de apetencias nacionales —como en el terreno de los gustos musicales o del amor—, no hay nada escrito, y tan válida es una idea nacional histórica como otra más reciente y tal vez más disparatada, dado que, viejas o nuevas, ambas son ideas más o menos etéreas, fantasmagóricas, que en realidad viven en el corazón de las personas.

Pero esa política de calentamiento, no del todo responsable, suele acarrear sulfuración generalizada e irritación, y hay que saberlo. La irresponsabilidad de las políticas sentimentales periféricas no tiene por qué combatirse con una nueva irresponsabilidad en sentido contrario. Los sentimientos quizá estén mejor si se circunscriben al ámbito doméstico y familiar.

Y, dicho todo esto, sigamos viendo el ascenso de VOX.

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