Los chistes contra Echenique

No queremos glosar aquí una historia general de la corrección política porque todo el mundo sabe que la consolidación del ambiente actual es un proceso imparable, de una consistencia a prueba de bombas. En el ámbito de la exposición de opiniones y pareceres hemos ido teniendo cada vez menos espacio para movernos, y en estos momentos hay auténticas brigadas higiénicas que vigilan la terminología utilizada en los medios de comunicación y, por extensión, rastrean la actividad de cualquiera que ande asomado a las redes sociales. Los centinelas levantan implacablemente la mano cuando ven algo que pueda molestar a algún colectivo de especial sensibilidad, y las opiniones se expresan con sumo cuidado.

En este medio ambiente tan constreñido, de repente nos encontramos con los chistes sobre Pablo Echenique. Este señor es un portavoz de Podemos, diputado, doctor en Ciencias Físicas y notorio polemista público, al que encontramos recurrentemente lanzando sus opiniones en todas las plataformas establecidas a tal efecto. Como todos ustedes saben, Echenique sufre atrofia muscular espinal, enfermedad de carácter degenerativo que le mantiene sentado en una silla de ruedas.

Pues bien; uno diría que, en el mundo actual, la situación física del diputado Echenique debería formar parte del catálogo de realidades humanas intocables, innombrables y que, en el debate público, no podrían utilizarse como herramienta de ataque ni siquiera tangencialmente. Pero resulta que no. Resulta que, contra todo pronóstico, se hacen chistes sobre la discapacidad de Echenique. Muchísimos chistes. Casi todos los días se elabora algún meme de cualquier catadura —alguno verdaderamente extremo— centrado exclusivamente en la burla de la realidad física de este diputado, y estos memes se lanzan al ciberespacio, donde son distribuidos por los cuatro puntos cardinales y recibidos por doquier. No hay teléfono móvil en el que, al menos una vez al día, no entre un chiste sobre Echenique y su silla de ruedas. La originalidad y la sofisticación de estos gags presentan un rango de amplitud muy extenso, y hay chistes más burdos y elementales que otros, dentro de un tono general flojo. Por decirlo de una manera más clara: estos memes son faltones pero sus autores no son ni Góngora ni Quevedo.

Este fenómeno se produce sin que, por el momento, hayamos visto a los cascos azules de la corrección política saliendo a denunciarlo. La emisión de chistes relativos a Echenique no está teniendo respuesta por parte de ningún colectivo concienciado. Parece que, desde el entorno del diputado, se asume este movimiento con resignación, e incluso hemos visto ciertas respuestas de Echenique a alguno de estos chistes, respuestas caracterizadas por la deportividad y el buen humor. En realidad, Echenique es un político que participa con vehemencia en el debate pero que casi nunca opta por la brusquedad nominalista; raro es que insulte directamente a alguien, sino que su método tiende a ser la insinuación sibilina con toques sectarios y las alusiones más o menos retorcidas. Y, desde luego, cuando quiere sembrar la maledicencia, lo hace sin palabras explícitamente irrespetuosas, y no suele aludir a defectos ajenos a la contienda política, salvo cuando ha insinuado que algún dirigente político (de un partido que no es el suyo, por supuesto) consumía drogas, pero incluso entonces lo ha hecho sin utilizar la brocha gorda.  

Una vez expuestos los hechos, es nuestro deber poner de manifiesto que estamos ante una realidad literalmente impresionante. ¿Y qué es lo que nos impresiona de todo esto? En primer lugar, pensamos que la elaboración de estas coñas marineras como instrumento de debate político es algo que debería dar vergüenza a quien lo plantea; estamos seguros de que Pablo Echenique segrega una cantidad suficiente de argumentos endebles y demagógicos como para poder meterse con él sin tener que reírse de su discapacidad. En segundo lugar, no sabemos por qué el caso Echenique es el único en este mundo de la corrección política occidental que se pasa por alto; no entendemos qué es lo que lo hace aceptable. La historia de la política en España ha albergado a infinidad de intelectuales groseros, y nada malo hay en faltar al respeto con ingenio, pero nuestro mundo ya no es ése, y ahora cualquier insinuación nos provoca un respingo; hoy resultan insultantes incluso las cosas que no quieren serlo. En este contexto, es milagroso que se haya producido este agujero negro de la corrección política, pero a la vez es desastroso que este hueco se utilice para lanzar proyectiles de un humor tan bajo.

En realidad, creemos que los fabricantes de chistes contra la condición personal de Pablo Echenique están equivocándose incluso en un plano puramente estratégico. Los memes relacionados con Echenique constituyen una pérdida de un tiempo y un espacio que podrían estar dedicados a atacar su condición política, a rebatir todo el argumentario conceptual del diputado de Podemos. Porque Echenique publica tuits políticos amplísimamente objetables que son contestados no con argumentos políticos sino con chistes fatídicos y desafortunados sobre su silla de ruedas. Por tanto, este proceso de intercambio de golpes se produce en dos niveles diferentes: por el lado de Echenique, sus enunciados se mantienen en el ámbito de la política más o menos chusca y demagógica; y, por el lado de sus detractores, la respuesta se queda por debajo, en la paupérrima categoría de la desconsideración cruel. Esta divergencia rebaja al faltón y ennoblece al insultado, creando un efecto bumerán con el que se obtiene lo contrario de lo que se buscaba.

Así, ante un nuevo chiste que se ríe de la situación íntima de Echenique, no es raro que, de pronto, Echenique caiga un poco mejor que antes a cualquier persona compasiva y no sujeta a las leyes del fanatismo más recalcitrante y atroz, dado que, además, ante este panorama increíble, Echenique no parece quejarse. Echenique se queja poco. Incluso hemos visto ocasiones en las que el diputado comparte públicamente las risas, haciendo un alarde de magnanimidad que los creadores y distribuidores de memes tal vez no se merezcan.

Una vez evaluada la estrategia de los chistes contra Echenique y su efecto entre algunos ciudadanos, la pregunta ahora sería la siguiente: ¿despertará la gendarmería de lo políticamente correcto? De no despertar, estaríamos ante una etapa nueva y expansiva con relación a lo que se puede decir o no, y cabría la posibilidad de reducir las cautelas que uno debe de mostrar al expresarse públicamente. Y, de ser así, una idea interesante podría ser aprovechar el cambio para dejar de reírnos de las desgracias personales irremediables y empezar a reírnos de la pomposidad de quien está en una situación de privilegio real. La sátira de abajo hacia arriba es infinitamente más nutritiva que la que se ejercita de arriba hacia abajo.

Un comentario en “Los chistes contra Echenique

  1. Brillante reflexión. Desde mi posición ideolólogica totalmente contraria a la de Echenique coincido con el análisis que realizas.

    Saludos.

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