Los usuarios anodinos

Hay un gran revuelo a cuenta de los hackers que entran desde hace meses en Facebook y sabotean los datos de esta importantísima red social. Cada cierto tiempo se nos comunica que varios millones de cuentas han sufrido un sabotaje y que nuestra privacidad se encuentra a la intemperie. A raíz de estas circunstancias, las personas particulares entran en un bucle que les lleva a encadenar silogismos y a concluir con horror que nuestras vidas dependen completamente de la seguridad informática, un pensamiento que, aunque sea verdad, es inútil, porque el hecho indiscutible que se denuncia no tiene remedio.

Efectivamente, señores. Hemos decidido abrirnos a todo lo nuevo que se nos ofrece y hemos llegado al punto en el que estamos ahora, que es un punto en el que podemos movernos por el mundo sin tener que preguntar a los transeúntes ninguna dirección; un punto en el que somos capaces de conectarnos al ciberespacio sin tocar con los dedos ningún dispositivo electrónico.

La contrapartida de estar en el cénit de la comodidad es que determinadas personas saben dónde estamos, qué comemos, qué nos gusta y cómo nos comportamos en cada segundo de nuestras vidas. Y lo curioso es que todo esto nos parecía al principio una buena idea. Las redes sociales han sido el canal por el que hemos dado a conocer de manera voluntaria y sin remunerar todas estas coordenadas de nuestro día a día. Por tanto, que saboteen nuestra cuenta de Facebook es prácticamente igual que si nadie nos sabotea nada, ya que la consecuencia en ambos casos es que hay muchísima gente que sabe todo lo que hacemos. Enhorabuena.

Uno de los aspectos más cómicos de la preocupación por los sabotajes de nuestro perfil es que muchos de los más preocupados son aquellos que tienen un perfil menos apetitoso. Son usuarios con una personalidad anodina y estupefaciente ante cuya presencia en persona no duraríamos ni diez minutos sin marcharnos. Estas personas se indignan porque les han hackeado, aunque ya estaban retransmitiendo toda su vida por diversos canales interplanetarios: dejaban mensajes de voz o vídeo en Facebook o YouTube, contaban en Twitter lo que hacían con sus colegas del gimnasio o colgaban en Instagram fotos de un plato de migas del pastor que iban a comerse o una imagen recién sacada de la mejor de sus deposiciones.

El usuario de personalidad sin relieve se queja del robo de su perfil, pero su perfil no está bien perfilado y es más bien difuso. Cualquier hacker que profane sus claves y sus parámetros se dará cuenta en menos de diez segundos que el señor usuario es un pelmazo sin interés y que la contemplación de su vida es un espectáculo tan aburrido como ver crecer las plantas.

De la misma forma que un carterista del metro descubre con tristeza que la cartera que ha robado no tiene dinero ni nada de valor, el hacker que saquea una cuenta en Facebook de uno de estos personajes grisáceos se deprime constatando lo paupérrimo de su botín.

El usuario sin atractivos presenta una tipología mucho más frecuente de lo que parece, dado que, según todos los indicios, y en términos generales, las personas somos aburridas hasta niveles indecibles. Hay un porcentaje elevadísimo de ciudadanos cuyas vidas carecen de interés, vidas que, sin embargo, no dejan de publicitar por tierra, mar y aire. Nuestros rostros no son agraciados; nuestros trabajos son mecánicos y rutinarios; nuestras aficiones no le interesan a nadie; y nuestros hijos son tan feos como los de cualquier otro. La casuística particular de la ciudadanía normal está llena de datos sin nada de particular y que nadie en su sano juicio tiene ganas de conocer.

Por si esto fuera poco, el usuario anodino es además una persona que está inmersa en todas las ensaladas de opiniones, noticias falsas, exclusivas sin contrastar e intoxicaciones que se dan cita en Twitter o en cualquier otro gallinero. El usuario anodino retuitea mentiras flagrantes o chivatazos torticeros, y es, por tanto, uno de los agentes activos del transporte de información adulterada. En este ámbito más bien externo a su persona, el usuario anodino se sale de su mediocridad soporífera y contribuye al desconcierto general. Bien por él.

Sin embargo, podemos decir que este tipo de perfil sin perfilar es normalmente una fuente de sopor máximo, aunque sea un individuo que presente momentos de frenesí informativo en asuntos que no están en su ámbito privado. En general, la actualidad personal de estos señores es insoportable. Si una persona ecuánime se encuentra consecutivamente con dos o tres de estos plastas, esta persona tiende a salir de internet pitando y a ponerse a pasear.

Pues bien: estos son los usuarios que muestran un mayor enfado ante el abordaje cibernético y que denuncian con más fuerza a las autoridades de la red. Evidentemente, estos señores publicitan estas denuncias en la red.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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