El overbooking

La start up Volantio ha creado un sistema que mitiga los efectos del overbooking para las aerolíneas. Espero que los pocos lectores habituales de este blog no se asusten con la terminología empleada en nuestra frase inicial. Yo soy el primero que tiembla cuando escucha palabras como startup. Dentro de la faramalla moderna, las startup suelen formar parte de ese núcleo denso en el que hay una mayor concentración de caraduras, dicho sea haciendo las excepciones pertinentes. En términos generales, cuando uno oye la palabra startup debe proteger sus bolsillos del inmediato.

En el caso de Volantio, la startup en cuestión es norteamericana y cumple el tópico porque además tiene el consabido nombre que evoca en una sola palabra la posmodernidad interestelar y los aromas grecolatinos de carácter clásico, así que podemos temernos lo peor. Esta empresa, Volantio, radicada en Atlanta y gestionada por personas a las que no tengo el gusto de conocer pero que tal vez dispongan de un futbolín en la oficina, ha inventado un sistema basado en una encuesta que hacen a los pasajeros del avión y cuyas conclusiones se analizan y mastican para proporcionar a la línea aérea una lista ponderada de los clientes más dispuestos a ser eliminados del pasaje a cambio de una compensación. Así, la línea aérea puede realizar sus ajustes en relación al overbooking con más precisión y a mayor velocidad.

No quiero comentar las bondades del sistema de gestión del overbooking inventado por Volantio, porque no lo conozco en detalle, aunque de entrada no parece el no va más de la sofisticación; pero, como seguramente dirá algún directivo de Volantio en sus presentaciones deslumbrantes, “los grandes cambios parten de ideas sencillas”. Tampoco sabemos si este sistema está consiguiendo que las compañías aéreas sean más eficientes; lo que sí sabemos es que esta startup lo tiene todo para triunfar, y que sea en buena hora y con gran provecho para sus propietarios.

En cambio, sí que me gustaría detenerme en algo que para mí es el meollo de la cuestión, que es el overbooking en sí. Esta práctica empresarial se origina a raíz de la venta al público de más billetes de los que uno tiene en un avión, suponiendo que hay un número casi fijo de viajeros que va a cancelar su reserva. Cuando la estadística no se cumple y no se producen cancelaciones, se da el overbooking, y hay más pasajeros que billetes, por lo que se debe decidir quién se queda sin volar. Este fenómeno tan conocido, y que damos ya por sentado, es en realidad un verdadero escándalo, y su recurrencia debería provocar el bochorno de todos. ¿Qué broma es ésta del overbooking? Es el colmo que se vendan más billetes de los que existen y que uno pueda quedarse en tierra y perder enlaces, reservas de hoteles o cierres de tratos o de negocios cuando es propietario de un billete de avión comprado por medios legítimos. El overbooking es un sistema que es legal y que, por motivos ignotos y alucinantes, aceptamos sin rechistar; pese a ello, la prueba de que se trata de una locura es que no podemos imaginarnos la transposición del overbooking a muchos otros sectores. Imaginen ustedes que un restaurante como Arzak ofreciera nuestra mesa a varios comensales y que todos acudiésemos a nuestra cita, según lo previsto. O imaginen que un médico nos dijera que no hay sitio porque la hora de consulta estaba reservada para tres enfermos, con la esperanza de que alguno no pudiera acudir o se muriese por el camino. Llevándolo al extremo, podríamos compararlo con quedar con dos chicas simultáneamente en el mismo sitio por si alguna de las dos no aparece. En estos contextos, el overbooking no estaría permitido, pero parece que dentro de un aeropuerto la lógica ha desaparecido y las personas se convierten en ganado al que se puede conducir con la vara.

El overbooking es un concepto asombroso. Se entiende que es el resultado de la experiencia en la gestión de reservas y que proviene de años de observación de las bajas que se producen entre los viajeros y turistas. En ese sentido, se fundamenta en la volubilidad humana y en los problemas que todos tenemos para cumplir con nuestros compromisos. Sin embargo, el conocimiento de la naturaleza del pasajero no convierte a esta práctica en algo admisible. Quedarse en tierra por el overbooking es casi tan absurdo como aceptarlo de buena gana, como si fuera una realidad meteorológica fatídica, similar al granizo. “No he podido coger el vuelo porque había overbooking”, nos dicen algunas personas a las que respetamos o incluso admiramos, y nosotros nos hacemos cargo de esa pequeña desgracia poniendo cara de cierta consternación rutinaria.

Como hemos dicho, no sabemos si el sistema ideado por Volantio es o no efectivo, aunque seguro que se trata de un sistema convenientemente patentado y convertible en divisas. Por si no funcionara, desde este blog proponemos una solución alternativa a los problemas que el overbooking provoca a las aerolíneas. La solución consiste en dejar de vender el mismo billete a dos o más pasajeros. Esta rompedora medida solucionaría no solamente los efectos perniciosos del overbooking para las aerolíneas, sino que también eliminaría los daños colaterales que el overbooking provoca en los usuarios, si es que le importan a alguien. Repetimos que, contra todo pronóstico, una manera muy interesante de combatir al overbooking es eliminarlo. No sabemos si la eliminación del overbooking es algo descabellado, pero podría intentarse.

Puede que nuestro problema sea de credibilidad. No se puede proponer una idea sin presentarla en un contexto adecuado y, por qué no decirlo, disruptor. Igual montamos una startup, la llamamos algo así como Overoverbooking, nos ponemos una camisa blanca y unas zapatillas de deporte y presentamos nuestra idea en una sala de decoración minimalista ante un grupo de incautos ávidos de tirar su dinero por el retrete. El triunfo es posible si tú crees en él.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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