Las cenas de empresa

Llegó la hora de las cenas navideñas de empresa. Las personas pueden segmentarse en función de la forma en la que se enfrentan a este fenómeno fatídico que se produce cada año. En primer lugar tenemos a aquellos empleados más o menos tóxicos que se pasan todo el año quejándose de sus circunstancias laborales o que maldicen en silencio su suerte; estos empleados optan por no ir a la cena o como mucho van y permanecen en un sigilo hostil e impracticable. Cuando termina la cena, estas personas se largan a la francesa y nadie les echa de menos.

En segundo lugar están los tóxicos engañosos, que son aquellas personas que durante el año manifiestan un talante aparentemente amistoso y manso pero que en la cena de empresa se agarran una borrachera rotunda y dedican las horas posteriores a la cena, las horas de las copas, a intrigar, a malmeter y a decir enormidades a los compañeros y, sobre todo, a los jefes. Es habitual que este tipo de intrigantes aísle a algún jefe y le comunique cualquier secreto tenebroso de otro empleado de la oficina, o que le diga inconveniencias en el más diverso grado, y que haga todo ello a gritos, acercándose mucho a su oreja, escupiéndole levemente y provocándole una incomodidad evidente. El empleado intrigante tiene la suerte de que muy probablemente el jefe está tan borracho como él o incluso más, y es posible que las barbaridades que diga ante las jefaturas queden en el olvido.

En tercer lugar tenemos a los empleados pacíficos que, por circunstancias de la vida, han dejado de salir por la noche o que nunca lo han hecho. Algunos de estos empleados aprovechan la cena de empresa para pasar el mejor día del año, y toman mucho vino en la cena y después se toman dos o tres chupitos de Jägermeister, que es un brebaje alemán de 35 grados de alcohol que parece que ha sustituido al tequila como instrumento favorecedor de una embriaguez rápida y de consecuencias horripilantes. Estos empleados se ríen inofensivamente, bailan como locos de manera ridícula y, en un momento dado, la intoxicación etílica les convierte en verdaderas bayetas humanas y hay que meterlos en un taxi para que lleguen a casa sanos y salvos. La resaca que estos empleados suelen tener al día siguiente es de una intensidad insoportable y está llena de lagunas de la memoria.

En cuarto lugar están los empleados que suelen salir habitualmente por la noche y que tienen una vida más o menos disoluta durante los doce meses del año. Muchos de estos empleados, ya sean solteros, casados, divorciados, jóvenes o viejos, dedican la cena de empresa a ligotear con compañeros del sexo opuesto (o del mismo, según los casos). Generalmente estas personas disparan con posta en todas direcciones y tienen un criterio muy laxo a la hora de realizar sus abordajes; empiezan entrando a la gente más guapa e inaccesible de la oficina y acaban enredando con las personas que, a nivel afectivo, se encuentran en franco periodo de saldo y liquidación, personas propicias a aceptar cualquier propuesta y que por su situación podríamos denominar como gacelas cojas. Este recorrido cinegético se basa pura y simplemente en los rechazos que estos cazadores van recibiendo a lo largo de la noche. Cualquier empleado nuevo que llegue a la empresa se sorprenderá durante su primera cena navideña con el comportamiento nocturno de estos compañeros, que en la oficina no dan muestras de esta tendencia a la depredación sexual, pero esa sorpresa dura lo que dura la primera cena, porque a partir de la segunda uno ya sabe que este compañero es un pulpo y un besucón, o que esta otra compañera quiere lío, etc. Hay que decir que la reiteración anual quita bastante hierro a este comportamiento nocturno; generalmente, estos pulpos besucones no sufren ninguna represalia a lo largo del año y su actitud acalorada en Navidad se considera como un fenómeno atmosférico relativamente inofensivo que no tiene consecuencias.

Por último, hay un grupo reducido que podríamos denominar como el grupo de los cajas negras: estas personas mantienen una actitud participativa durante la cena, pero, cuando empiezan las hostilidades, se dedican a escuchar y a ver. Normalmente son personas con buenos niveles de autocontrol y que inspiran confianza a sus compañeros, y esas cualidades les llevan a ser los receptores idóneos de las revelaciones íntimas de todos los empleados, y además estos cajas negras son espectadores de las escaramuzas que se producen durante las copas. Los cajas negras ven, escuchan y callan, y al día siguiente lo recuerdan todo con gran detalle, con lo cual son elementos que manejan una información de lo más interesante, información que no utilizan a lo largo del año pero que podrían llegar a utilizar. La diferencia entre un intrigante burdo y un caja negra de talento radica en que el intrigante es un bocazas y, en cambio, el caja negra es un ser inteligentísimo que maneja la omisión y el silencio con gran maestría. Normalmente un buen caja negra es ya jefe o llegará a serlo.

Naturalmente, la segmentación de todos estos grupos humanos no es estanca ni impermeable, y se ven casos de empleados que durante algunas cenas se adscriben a uno de los grupos y en otras se comportan como los miembros de un grupo distinto. Incluso durante la misma jarana hay personas que pasan de una fase a otra. Los únicos grupos invariables son el primero (los tóxicos) y el último (los cajas negras). El tóxico es un emisor recalcitrante de ondas negativas del cual conviene alejarse todo lo posible (no sólo durante la cena navideña sino durante todo el año), mientras que el caja negra de raza lo será siempre y llegará lejos.

Hechas estas descripciones, sólo nos queda desear que el distinguido lector pueda sobrevivir a estas cenas de las que, por otra parte, y desde un punto de vista profesional, nunca se saca nada bueno. Lo mejor que puede pasarle a uno en esas cenas es salir sin mucha resaca y sin ponerse en ridículo, cosa dificilísima. Para ello, nuestro consejo es evitar de manera estricta la ingestión del infecto Jägermeister, ingestión que suele producirse gracias a la insistencia de algún aficionado a los brindis fraternales. Huyan ustedes del que saca los chupitos.

Buena suerte a todos.

Anuncios

Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s