El conservadurismo

Por lo general, cuando una persona llega a unas cotas mínimas de confortabilidad acaba cogiendo postura y busca preservar esa situación asumiendo unos riesgos muy bajos. Este comportamiento debe de ser el que más se ajusta a las hechuras de la naturaleza humana, porque es una actitud muy extendida. El instinto de conservación es infalible y rige nuestro comportamiento de forma más o menos positiva porque nos impide emprender actividades potencialmente peligrosas o absurdas. Pero esto acarrea también consecuencias perniciosas, y la parte negativa de esta política conservadora es que la persona que tiene algo que perder podría adentrarse en un proceso de congelación íntima y fatal, extraviando muchas de las ganas de vivir que a uno le quedaban.

Este fenómeno es difícil de detectar pero su existencia es indiscutible. El afán de conservar nuestro bienestar nos lleva a varios estados anímicos y ninguno de ellos es un estado positivo. En primer lugar, quien no quiere perder nada tiende de manera natural al gregarismo social y al acobardamiento completo, y eso se manifiesta tanto en el plano laboral como en el ámbito de las relaciones afectivas. En el trabajo, una persona temerosa es al principio un ser sin ganas de destacar y que desea pasar desapercibido, por si acaso; posteriormente, el temeroso puede convertirse en un pelota de padre y muy señor mío; y al cabo de cierto tiempo esta persona desarrolla varios rasgos paranoides y se adscribe al grupo de víctimas de la manía persecutoria, momento en el que es alguien peligrosísimo para todos los que le rodean.

En el plano afectivo, hay que distinguir entre el conservador con pareja y el conservador sin pareja. El conservador con pareja puede ser consciente de que su relación amorosa es una relación necrosada y tumefacta, pero nunca tomará una decisión concreta para cambiarla. Este conservador prefiere malvivir en un matrimonio defectuoso a probar suerte fuera de ese matrimonio. Por otra parte, el conservador sin una relación sentimental puede tender a la autocompasión y a examinar con lupa a cualquier posible pareja que se le presente, con lo que muy probablemente seguirá solo durante mucho tiempo, porque todos tenemos infinidad de defectos y nadie resiste el más simple análisis.

La tecnología moderna es un elemento fundamental en el mantenimiento de esta figura del conformista / conservador. Gracias a los grandes avances cibernéticos, un conservador se encuentra siempre enfrascado en el manejo de los smartphones y ve cómo el mundo va actualizándose constantemente ante sus ojos, lo que genera en su cerebro una sensación de movimiento. El conservador cree que él mismo se mueve y que hace algo porque ve movimiento constante, pero realmente lo que hace no es moverse, sino que va echando la tarde de cualquier forma y sin que haya pasado nada. El conservador / conformista se va a dormir después de chatear con mucha gente, y piensa que ha tenido una tarde activa porque la tarde ha pasado volando, pero en esencia no ha hecho nada y nunca hará nada.

Hay que decir que en este fenómeno del conformismo estamos metidos casi todos los seres humanos en un grado u otro. Debemos reconocer, en todo caso, que hay mayores probabilidades de encontrarse con un conformista entre la población masculina, dicho sea sin ánimo de generalizar. Los hombres nos inclinamos por el mantenimiento pachón de nuestras circunstancias, por muy cochambrosas que sean, y las mujeres, en cambio, son más proclives a mandarlo todo a tomar viento fresco el día menos pensado. Pero se trata de un fenómeno absolutamente real y global del que somos protagonistas totales.

Por ello, cuando a veces vemos a un ser humano activo, a un hombre de acción, nos quedamos sorprendidísimos y pensamos que es un inconsciente. La presencia en cualquier reunión de una persona activa, que no teme al porvenir y que se pone manos a la obra es incomodísima porque no somos capaces de comprender una actitud tan irresponsable.

Esta dinámica llamémosle estática, la dinámica del conservadurismo a machamartillo, es algo profundamente desgraciado que nos impide hacer gran parte de las cosas que podríamos estar haciendo ahora mismo. Usted, estimado lector, lleva un rato perdiendo el tiempo en este blog y podría haber empezado ya a hacer eso para lo que está capacitado, ya sea construir una mesa, instalar en el balcón un cultivo de guindillas o llevar a su mujer a cenar con el único objeto de decirle oficialmente que está muy guapa. Cualquier cosa realmente hecha y terminada puede valer para salir de esta congelación. ¿Por qué no lo hacemos?

Anuncios

Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s