La intendencia

En este blog damos por hecho que el público está al corriente del jaleo que hay sobre la mesa a propósito de lo que se conoce como el asunto catalán. Las posiciones de todo el mundo están más o menos a la vista y no hay muchas pistas para poder adivinar cuál será la solución a este problema, aunque podemos encontrar en cada esquina muchos y muy profundos análisis del asunto. En esta dinámica opinativa nosotros no podemos aportar grandes cosas, así que queremos centrarnos en un aspecto accesorio que, por serlo, ha pasado bastante desapercibido: se trata de la gestión de la intendencia.

Como todos sabemos, en Cataluña hay un gobierno autonómico que lleva alrededor de dos años dedicándose con gran brío a promover iniciativas y actuaciones encaminadas al reconocimiento de un cierto anhelo de segregación significativa. Estas actuaciones son importantísimas y han absorbido gran parte del tiempo que los dirigentes políticos catalanes dedican a su trabajo representativo. En concreto, durante los últimos dos meses hemos visto cómo el señor Mas llevaba a cabo casi a diario actos relacionados con este proceso: ruedas de prensa, reuniones, mitines, manifestaciones, y demás. Esta dedicación cotidiana al proceso está sustentada por el apoyo de una parte muy importante de los votantes catalanes, y, en ese sentido, está muy bien. Sin embargo, si lo miramos todo con una perspectiva práctica, la pregunta que surge es la siguiente: ¿quién lleva en Cataluña la gestión de todos los demás asuntos que normalmente atañen a un gobierno? ¿Quién está tomando las decisiones de funcionamiento elemental? ¿Qué iniciativas legislativas tiene preparadas el gobierno de Mas con respecto al gasto social, la inversión pública o la gestión de los servicios? Esta incógnita se ve mejor por comparación; junto con el señor Mas, en España hay otros dieciséis presidentes de comunidades autónomas. ¿A qué se dedican estos señores diariamente? Pues a todo lo que el señor Mas no tiene tiempo de dedicarse.

De los tres hermanos Marx, Chico era el que adoptó la pose de charlatán italiano y en su vida personal era un mujeriego terrible y un ludópata en todas sus vertientes. Cuando ya era un anciano y continuaba tocando el piano por los teatros para pagar sus deudas, le preguntaron cuánto dinero había llegado a perder por culpa de su afición al juego, y él, sonriendo, contestó: “Pregunten a Harpo o a Groucho cuánto dinero tienen, y ése es el dinero que yo he perdido en las apuestas”. Del mismo modo, para determinar las labores que el señor Mas no realiza en el ejercicio de su cargo hay que preguntar a los demás presidentes autonómicos a qué se dedican. La agenda del presidente de la Comunidad de La Rioja, por ejemplo, estará llena de actividades relacionadas con el funcionamiento corriente de la Administración, y por lo que parece todas estas actividades no tienen la misma importancia para el presidente catalán. Este fenómeno es curiosísimo y se extiende a los demás representantes políticos de Cataluña: los señores Junqueras, Iceta, Sánchez Camacho y demás vienen funcionando a diario en un plano que parece muy alejado de los problemas palpables de la ciudadanía, dicho sea desde el máximo respeto. Las horas dedicadas a debatir sobre la problemática catalana se enmarcan en el ámbito del derecho constitucional, que como sabemos es un ámbito más bien teórico y profesoral. Las discusiones sobre la posición catalana en el cuadro administrativo del Estado son muy elevadas y tienen una relevancia inequívoca, pero mientras tanto hay una relación de problemas cotidianos que en esta comunidad autónoma no son tratados, o no lo parece. Quizá los políticos hagan horas extras y dediquen sus noches a tratar de arreglar la situación de las escuelas, los hospitales, el alcantarillado o el orden público, pero el caso es que esa presunta labor no se ve por ninguna parte.

Una de las conclusiones más positivas que podemos extraer de todo esto es que hoy sabemos que el mundo puede funcionar sin la intervención de nuestros representantes políticos. La inercia funcional de las cosas de la vida hace que todo siga en pie y que el mecanismo no se pare. Por tanto, si llega el día en que, por motivos de ajuste del gasto público, hubiera que adelgazar la estructura de la Administración en algún momento dramático (Dios no lo quiera), hoy sabemos que hay determinados lugares en los que ese adelgazamiento sería posible, porque vemos que ahora mismo nadie se dedica a gestionar la intendencia y, pese a ello, todo funciona con corrección. Es una noticia que tiene que tranquilizarnos.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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