La ideología del humor

Se ha publicado un libro titulado Mingote Reservado. El Taller Desconocido de un Genio, editado por EDAF. Este libro es un compendio histórico de la obra pública y privada de Antonio Mingote, que como algunos saben fue un dibujante humorístico español que publicó sus chistes en ABC durante casi sesenta años. Hay datos objetivos que nos inducen a pensar que este señor Mingote ha sido uno de los mayores artistas gráficos españoles del siglo XX y que ha sido además un maestro absoluto de los humoristas de ese siglo tan turbulento. A mi entender, como artista gráfico, como dibujante puro, Mingote era propietario de un trazo personalísimo y reconocible, y todos sus dibujos tienen una simplicidad humana que no se ha dado en ningún otro pintor español, y ahí cojo e incluyo a Dalí, Picasso, Antonio López, Barceló o el que sea (de los abstractos no puedo decir nada porque ellos mismos se han puesto voluntariamente en una zona de ininteligibilidad absoluta).  En mi opinión, Mingote era un artista gráfico de primer orden, de una categoría universal. Claro que los gustos de cada cual son los que son y, como es natural, mi opinión vale más bien poco.

Y también nos atrevemos a decir aquí que Mingote fue un humorista de marca mayor. En esto las cosas son quizá menos discutibles. Mingote tenía un estilo sincrético, sutilísimo, y encontraba siempre el ángulo luminoso a las cosas. Mingote era un observador mayúsculo y tenía la cualidad de poder quitarle a la realidad mucha de la faramalla que no nos deja ver lo esencial, que es además lo cómico.

Es fundamental tener en cuenta el hecho de que Mingote ha estado considerado durante muchos años como el dibujante emblemático del régimen franquista. No puede negarse que Mingote combatió durante la Guerra Civil en el lado sublevado y que ejerció y fue muy popular durante la dictadura, pero este libro recién publicado nos desvela docenas de chistes de Mingote prohibidos por la censura. Mingote era un señor de derechas que sin embargo denunciaba casi a diario el tinglado de Franco, aunque muchas veces la crítica era aparentemente sociocultural. Una línea de Mingote era una bola de demolición, aunque Mingote, como Berlanga o Azcona, lo hacía todo tan sutilmente que muchas veces conseguía saltarse la censura, porque evidentemente estos humoristas eran mucho más listos que sus censores. Mingote hacía el posibilismo social, que colaba casi siempre y que sin embargo era tan corrosivo como el chiste más político que se nos pueda ocurrir. Aún así, Mingote fue censurado con cierta frecuencia: en uno de los chistes censurados, unas señoras pudientes están reunidas en corrillo y una de ellas dice con gran preocupación: “Qué horror; acabo de enterarme de que en España no todos pensamos igual”.

Al propósito de Mingote, es necesario señalar que hay en España una creencia absolutamente equivocada sobre la ideología del humor, y esa idea está muy extendida y es la siguiente: por alguna razón, los españoles creemos que el humor es una cosa propia de las izquierdas. Esta afirmación categórica es muy discutible en muchos países, pero en el caso de España es directamente falso. En el primer tercio del siglo XX (incluyendo la Segunda República), los humoristas más destacados o de más éxito en España (como Jardiel Poncela, Camba, Fernández Flórez o Muñoz Seca) fueron personas adscritas a la ideología conservadora. Durante el franquismo sólo hubo humoristas de derechas, evidentemente, pero algunos son muy importantes desde cualquier punto de vista: el humor de Mihura, Foxá, Tono, Neville o Mingote aguanta muy bien el paso de los años. Con la llegada de la democracia hemos tenido la suerte de ver una multiplicación de las fuentes del humor, aunque eso no ha redundado necesariamente en una mayor calidad: de hecho, y dentro de un abanico en el que ha habido una oferta amplísima (con indiscutibles maestros en la izquierda, como Gila o Forges), el mayor humorista español del último tercio del siglo XX fue Luis Sánchez Polack, Tip, un hombre absurdo y destructivo, pero un hombre de derechas. En esta categoría de humoristas no entran los cuentachistes, que son otra cosa; el humorista no es el cuentachistes, sino el que es capaz de presentar la realidad con inteligencia cómica, que es algo mucho más difícil que contar un chiste de gangosos.

El humor es una cosa sin ideología: es simplemente una manera de mirar. Nosotros pensamos que en términos generales la confección del humor requiere una cierta distancia entre el humorista y el objeto de su observación. Es decir, que el buen humorista necesita mantener un alejamiento mínimo y ver así las cosas con suficiente perspectiva. A veces, ese distanciamiento sólo llega desde una posición ajena a la problemática crematística personal. Por decirlo de otra manera: el humorista que tiene una cierta independencia personal es quien puede mantener el escepticismo necesario para ejercer el humor. No hay ningún caso de humorista brillante que haya sido un comisario político, un fanático o un gregario militar. En España eso se traduce en que los únicos escépticos han sido los que han estado en situaciones económicas más o menos desahogadas, un colectivo que ha estado formado generalmente por personas de ideología conservadora. Agustín de Foxá, columnista del régimen franquista, fue abucheado una vez en una conferencia que ofreció en un país latinoamericano por ser un hombre de derechas. Y él dijo al público: “Soy rico, soy conde y marqués, soy gordo y fumo puros: ¿cómo no voy a ser de derechas?”.

Volviendo a Mingote, este libro recién publicado es una lectura muy interesante, además de encontrarnos en él con chistes que son un prodigio de sutileza crítica con la sociedad franquista. Rescato dos ejemplos: en uno de ellos, un hombre con un periódico le dice a su mujer: “María, tráeme por favor las gafas de leer de cerca y las de leer entre líneas”. En el segundo de ellos, hay dos obreros charlando en las obras de los Nuevos Ministerios de Madrid, una construcción eterna que empezó en 1933 y que no empezó a utilizarse hasta 1958. Un obrero le dice al otro: “El sueldo no es muy bueno, pero la ventaja es que es un trabajo para toda la vida”.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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