La cuquería

Ayer se jugó el partido de ida de la semifinal de la Liga de Campeones entre Atlético de Madrid y Chelsea. Si existe algún lector recurrente de este blog, se habrá podido topar con algunos textos en los que hemos tratado de explicar con cierto detenimiento la personalidad de los dos entrenadores de los equipos que jugaron ayer, Diego Pablo Simeone y José Mourinho. Ambos son dos personajes diferentes que comparten la misma manera de ver el fútbol: los dos piensan que les conviene jugar sin el balón, no tenerlo, alejarlo de las proximidades de la portería propia y del pie de sus jugadores. El Atlético y el Chelsea funcionan corrientemente como pared reboteadora de lo que intenta hacer el equipo contrario, que es el que normalmente debe intentar jugar. Por tanto, el balón fue ayer un objeto indeseable; sin embargo, como el Atlético jugaba en casa, y como el público tiene paciencia pero sólo hasta cierto punto, el equipo de Simeone se vio obligado a intentar pasarse la pelota, cosa que, como se vio ayer, es algo que parece fácil pero que es dificilísimo. El Atlético tuvo que jugar al fútbol y, quizá por falta de entrenamiento, no pudo hacerlo. El Chelsea, por el contrario, se quedó atrás, en una situación de máxima comodidad, y, si en algún momento se encontraba con el balón, lo mandaba a hacer puñetas de la manera más desvergonzada.

La consecuencia de todo esto fue un espectáculo insólito y, por eso mismo, muy instructivo. Es difícil poder ver un partido profesional de fútbol tan aburrido como el de ayer en el Calderón. Cualquier persona que haya podido presenciar encuentros de Tercera División española sabrá que en las categorías más inhóspitas de este deporte se ve más fútbol que lo que ayer vimos por la tele, si es que entendemos el fútbol como un juego que consiste en pasarse el balón con el pie para llegar a la portería contraria y tratar de meter un gol.

Una de las cosas más entretenidas del partido de ayer (más que el partido en sí) fue la actitud de los comentaristas televisivos: estos señores se pasaron toda la retransmisión criticando el planteamiento deportivo del señor Mourinho, soslayando groseramente que esa estrategia del entrenador portugués es exactamente la misma que el señor Simeone pone en práctica indefectiblemente en los cuarenta y tantos partidos restantes que tiene una temporada. Al acabar el encuentro, el capitán del Atlético, Gabi, habló en Televisión Española y lamentó el cerramiento hermético de la defensa inglesa. Yo veía todo esto y no podía contener la risa, porque además el resultado del partido (0-0) era evidentemente un muy buen resultado para el Chelsea pero era todavía un resultado aún mejor para el Atlético, dado que ambos cumplieron el objetivo último que tienen y que no es otro que no encajar goles. El espectador más suspicaz tiene la impresión de que estos dos equipos están deseando jugar el partido de vuelta sin tener que pasar por algo tan desagradable como tocar el balón con el pie, y por lo que parece están dispuestos a llegar a la ronda de los penaltis para que la Providencia haga justicia, sabiendo que, por suerte para ambos, ni siquiera Dios puede conseguir que los dos equipos queden eliminados simultáneamente.

Otra cosa graciosísima era el coro de quejas que se oían ayer cuando algún jugador del Chelsea perdía el tiempo antes de sacar una falta, o fingía alguna lesión, o soltaba alguna patada en la rodilla del contrario. Evidentemente, los jugadores del Atlético de Madrid nunca han tenido ni la más mínima tentación de hacer cosas semejantes, que pueden considerarse como poco deportivas. Todo el mundo sabe que el Atlético de Simeone es un equipo señor, de una limpieza definitiva.

Independientemente de que el puro entretenimiento del partido de ayer llegara por estos cauces más o menos humorísticos, ajenos a los regates y los pases, la cosa es que Mourinho y Simeone triunfaron porque anoche el espectador estuvo muy lejos de ver cualquier cosa parecida a un gol. Con lo cual, la enseñanza que podemos extraer de todo esto es que la mediocridad y la listeza ratonera son maneras muy provechosas de ir tirando y que, por el contrario, una estrategia basada en la búsqueda de la excelencia y en la asunción de riesgos es una estrategia equivocada, propia de personas absurdas, desorientadas y que no conocen de qué va esto. La practicidad cuca da tan buen rendimiento que esta idea sale del escenario deportivo y está implantada en cualquier ámbito de la vida de nuestro país. Por tanto, podemos decir que nuestro futuro será tan brillante como lo ha sido nuestro pasado reciente.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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