La gran decepción

Cuando tenemos las cosas al rojo vivo en Ucrania, y cuando hay un determinado número de africanos agolpándose en nuestras fronteras, toda España está consternada, sin embargo, por el adulterio cometido esta semana por Antonio Alcántara. Antonio es un hombre de comportamiento impecable, pero en estos momentos está inmerso en una época muy loca, que fueron los años ochenta en España, y se ha visto enredado por los encantos de Paz, una joven periodista de rasgos orientales y de susurrante voz ante quien cualquier hombre corriente podría derretirse sin remisión. Por otra parte, es evidente que las cosas entre Antonio y Merche no marchaban de la mejor manera, y está claro que ya no compartían una misma visión del matrimonio, debido tal vez a los cambios familiares, a los sinsabores laborales o, simplemente, a que el tiempo ejerce una fuerza erosiva implacable sobre las relaciones de pareja.

Ante estos acontecimientos, la sociedad española se halla en estado de shock. La imagen de Antonio Alcántara es la de un hombre modélico con un insobornable sentido del deber, y tal vez por eso la contemplación de este señor acostado con su joven amante ha sido un martillazo sensacional en la confianza de todos los ciudadanos. La gente tiene muchos problemas para poder cumplir regularmente con sus obligaciones, y si una persona como Antonio, que es un faro inspirador para todos, ha claudicado ante la tentación, ya no sabemos qué va a ser de nosotros, que somos unas personas muchísimo más flojas que Antonio. Tampoco sabemos cómo va a tomárselo su propia familia. Es muy probable que a la Herminia, su suegra, le sobrevenga un ictus o una angina de pecho cuando conozca los hechos, y existen algunas probabilidades de que la buena señora, con el disgusto, estire la pata sin que le dé tiempo a regresar a Sagrillas (Albacete), su pueblo natal, para despedirse de sus paisanos.

Y aún no podemos calibrar la reacción que pueda experimentar Merche, la mujer de Antonio. Se nos ha dicho que inicialmente ha echado a Antonio de casa, que por otra parte es lo que cualquier mujer haría en su caso, pero somos conscientes de que Merche es una persona de una bondad angelical y estamos dispuestos a afirmar que, en su fuero interno, Merche desea perdonar a Antonio, porque es evidente que le quiere con locura y porque sabe que Antonio es un hombre íntegro, que ha sido víctima de las crueles circunstancias. Por tanto, creemos que, una vez superado el terremoto inicial, Merche transigirá y perdonará a su marido, porque tantos años juntos, con tantas desventuras y alegrías vividas en común, no pueden caer en saco roto.

Mientras tanto, ya digo que España está impresionada. Los twitters y los facebooks de gran parte de los españoles ya no hablan de la crisis económica, ni de la situación en Cataluña, sino que muestran la decepción con respecto a esta aventura extramatrimonial, una decepción que ha sido morrocotuda. Se suceden las quejas y los lamentos; hay una mayoría de la gente que durante esta última semana no ha podido dormir, ni comer, y que ya no tiene ganas de vivir.

Algunas personas están acordándose ahora de otros incidentes importantísimos que a lo largo del tiempo han supuesto palos tan duros como éste, y me estoy refiriendo en concreto a la muerte de la madre de Bambi, al fallecimiento de Chanquete o al momento más tenebroso de la historia de España de los últimos cincuenta años, que ha sido, indudablemente, el momento en el que el niño Chencho se alejó de la mano de su abuelo y se perdió en la exposición de nacimientos navideños de la Plaza Mayor de Madrid.

Si pudimos superar aquel momento tétrico, podremos reponernos ahora. Y tenemos que confiar en que las cosas entre los Alcántara se arreglarán, aunque está claro que nada volverá a ser lo mismo.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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