Miguel Ángel Revilla

Ustedes conocen a Miguel Ángel Revilla. Este político cántabro fue presidente de su Comunidad Autónoma, y durante el tiempo en que estuvo en su cargo se hizo muy popular gracias a su personalidad, su majeza y su lenguaje llano y accesible. Todo el mundo sabe que Revilla iba a ver al Rey en taxi y le llevaba unas anchoas de Santoña, que están buenísimas. Este casticismo montañés convirtió al señor Revilla en un personaje de gran éxito social. Hoy, años después de su salida de la política, Revilla está viviendo un segundo momento de gloria: Telecinco ha reservado para él los sábados por la noche un espacio de entrevista-mitin-homilía en exclusiva, en el que Revilla denuncia las injusticias que ve diariamente y se queja de manera sistemática y con mucha trompetería de los políticos actuales. Paralelamente, este señor ha publicado dos libros llenos de consejas y de sucedidos, libros muy entretenidos que recogen toda la sabiduría tribal y la gramática parda que atesora Revilla. Estas obras se encuentran en lugares muy preponderantes de las listas de los más vendidos.

En consecuencia, estamos en un momento idóneo para tratar de averiguar las razones por las que este hombre está en la situación álgida que acabamos de describir. En primer lugar, Revilla personifica al hombre sencillo, al hombre de andar por casa. Esto no es una opinión mía, sino que el mismo Revilla se describe frecuentemente a sí mismo como un hombre normal, y lo hace con orgullo y con su habitual levantamiento de barbilla.

En segundo lugar, y reforzando ese perfil llano adoptado por Revilla, parece ser que este señor tiene la cualidad importantísima y natural de resultar simpático. Por lo visto, Revilla es un tío majete, aunque lo cierto es que Revilla dice las cosas con mucha acritud y poca ironía, y eso parece llegar a la gente de una manera que para un pequeño número de personas resulta incomprensible. Tengo que reconocer que el tono de voz de este señor, tono violento y en el que algunos no vemos la simpatía por ninguna parte, es un tono que funciona muy bien como agente hipnótico en la televisión. Pido al lector que haga memoria y tenga a bien recordar la voz grave e invasiva de don Jesús Gil y Gil, otro personaje majete y carismático; la voz de Gil tenía un timbre como de bocina de trasatlántico, y esa voz salía de la televisión como un torrente tremendo, anulándolo todo a su paso. Si Gil aparecía por la tele discutiendo con alguien, sólo oíamos a Gil; probablemente aquello se producía por la frecuencia de esa voz, no por el volumen. A Gil le dieron un programa en Telecinco, en el que salía en un jacuzzi rodeado de mamachichos; a Revilla le han dado otro sin señoras en bikini, pero, en este sentido, ninguna hipótesis es descartable: podríamos acabar viendo a Revilla rodeado de pasiegas turgentes y hospitalarias.

El tercer elemento importante que presenta Revilla y que explica  su éxito es, indudablemente, el uso indiscriminado de la demagogia (don Jesús Gil, por cierto, también era un demagogo sensacional). Revilla es, muy probablemente,  una de cinco o seis personalidades públicas de ámbito mundial que más cantidad de material populista deposita en su hilo discursivo. Revilla es un demagogo inaudito, inmenso, un hombre de una facundia halagadora del público de dimensiones indescriptibles. En su programa de Telecinco, Revilla trata con una continuidad perfectamente hilada los asuntos más susceptibles de ser manoseados por un buscador profesional de aplausos: Revilla brama contra los desahucios, la burbuja inmobiliaria, los bancos, la corrupción, el despilfarro, el separatismo, la inmigración, etc. Revilla pasa por estos asuntos con su atronadora voz de reclamo para muflones y lo hace manejando unos mecanismos de activación del entusiasmo popular pocas veces vistos. Revilla despliega su avasallamiento demagógico sin vergüenza alguna y con un éxito definitivo. Revilla obtiene unas ovaciones del público que no tienen comparación posible.

Estamos ante un fenómeno de proporciones enormes, que coincide en el tiempo con el deterioro de la opinión que la gente tiene de los políticos clásicos. Algunos dicen que personajes como Revilla pueden canalizar y aprovechar este hartazgo ciudadano para presentarse a las elecciones y obtener una buena cantidad de votos. Ante esta posibilidad, es conveniente recordar que, aunque Revilla se presente como la voz del pueblo y aunque parezca que haya surgido repentinamente del corazón de los valles montañeses, este señor consiguió ser Presidente de la Comunidad de Cantabria en 2003 con menos de un 20% del voto total, gracias a un pacto con el PSOE. Por tanto, el partido del señor Revilla (Partido Regionalista de Cantabria) ha sido uno de esos partidos bisagra, que algunos entienden como muy necesarios para el funcionamiento del sistema y que para otras personas representan la quintaesencia del oportunismo conseguidor y de la politiquería más truculenta. Por otra parte, este señor Revilla, que hoy parece un outsider y un maverick ajeno al degradado statu quo, fue presidente de Cantabria entre 2003 y 2011, años en los que se generaron y consolidaron todos los desmanes que el mismo señor Revilla critica ahora con su ardor característico. Durante aquellos ocho años, el señor Revilla permaneció admirablemente mimetizado con ese ambiente de pelotazos, burbujas y alegría general, y sólo se significó por su majeza televisiva y por llevarle anchoas al Jefe del Estado. Revilla ha ocupado durante ocho años un lugar significativo en la pirámide de la Administración y lo ha hecho con un porcentaje minoritario de apoyo electoral.

En consecuencia, el auge del señor Revilla en el momento presente tiene que provocar un ligero asombro entre las dos o tres personas que en España tienen la desgracia de poseer una memoria que va más allá de ayer por la tarde. Para el resto, Revilla es la voz del pueblo y es la persona con la que nos iríamos a tomar unas cervezas.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

3 comentarios en “Miguel Ángel Revilla”

  1. Revilla además de un experimentado demagogo, es un residuo tardofranquista de la ideología totalitaria de la Falange de Jose Antonio Primo de Rivera. Sobre las bondades de la gestión política de este gran demagogo y de su pasado franquista ver los links:
    http://www.libremercado.com/2013-06-18/la-hemeroteca-desnuda-al-polemico-miguel-angel-revilla-1276493076/


    Si el régimen de “su excelencia” hubiese durado mas años Revilla hubiese llegado a muy altas cotas con su camisa azul, su yugo sus flechitas. Desgraciadamente para el, se acabó cuando aún era demasiado joven para haber subido demasiado.
    Sin embargo Revilla no perdió su “pulso totalitario”, ya en 1976 fue fundador y primer presidente de la organización fascista ADIC (http://www.adic-cantabria.org/)
    ADIC es básicamente una organización protonacionalista cuyo nombre lo dice todo, “Asociacion Defensa Intereses Cantabria”; Como todo grupo fascista que se precie, “los intereses” de Cantabria los interpretan ellos en exclusiva, lo que no deja de ser lógico, solamente ellos “tienen derecho” a determinar los “intereses de lo que en realidad no deja de ser su propio “constructo mental”, su “comunidad imaginada”. Si Cantabria tuviese “lengua propia”, es decir, distinta al español, no vacilarían en exigir una nación, como ocurre con los nacional sozialistas catalanes, gallegos y vascos

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