Solbes y el sonrojo

El ex ministro de Economía Pedro Solbes ha escrito un libro sobre sus peripecias en el Gobierno del señor Rodríguez Zapatero y lo ha presentado esta semana. Al parecer, en este libro se explica que durante su último año como ministro (entre 2008 y 2009), Solbes advirtió al presidente sobre el mal camino que iba tomando el panorama económico, pero esa supuesta advertencia se hizo en privado y sin documento oficial que lo acredite, y se hizo en las mismas fechas en las que el propio ministro iba interviniendo públicamente en cualquier foro alabando la fortaleza de la economía española. Para que la cosa sea más complicada si cabe, personas cercanas al ex presidente Zapatero niegan de manera rotunda la existencia de las advertencias de Solbes y afirman que este señor mostraba internamente un alineamiento total con las tesis económicas de la presidencia, tesis que, conociendo a los protagonistas de aquel momento, no tenían por qué ser las más acertadas, dicho sea con todo el respeto.

Como hoy en día las cosas ocurren de manera cada vez más atropellada y con una celeridad de locos, puede que el distinguido lector haya olvidado ya que el señor Solbes era un ministro de los clasificados como técnicos. Solbes inspiraba a todo el mundo una gran confianza, quizá porque hablaba muy bajito y con un aire curil de lo más interesante. Hay que decir que, si ya Solbes daba una buena impresión per se, en abstracto, resulta que al lado de determinados ministros socialistas de aquella época Solbes parecía un sabio completo y definitivo. Recuerden ustedes a personajes como Celestino Corbacho, Magdalena Álvarez, Carmen Calvo o José Blanco, entre otros ministros, y al recordarlos verán que Solbes se convierte dentro de nuestra mente en una mezcla de Winston Churchill y John Maynard Keynes: un gigante de la vida pública.

Ahora descubrimos que este buen señor se olía la tostada de la crisis y se mantuvo en una actitud pública verdaderamente heroica, guardándose el secreto de cara a no generar alarma social. O eso nos cuenta ahora Solbes, porque repetimos que el entorno de Zapatero niega todas estas presuntas comunicaciones internas de alerta. Por tanto, podemos decir que o bien Solbes nos mintió entonces, diciéndonos que la cosa iba maravillosamente, o bien nos miente ahora, diciéndonos que él anunció a sus jefes los horrores venideros. Por razones de pura gramática parda de la política, la tesis más verosímil es la de que en 2008 Solbes diera de manera confidencial su opinión a quien le quiso escuchar (hay que decir que no era fácil poder escuchar o entender a este señor). En todo caso, estamos ante un episodio de salida del armario de un ex político, que por remordimiento o por vergüenza torera ha decidido tirar de la manta. Es muy interesante ver que en política sólo se tira de la manta cuando uno ya es un ex político.

Solbes protagonizó en 2008 un debate electoral con Manuel Pizarro, representante económico del PP. Pizarro era un técnico de experiencia en el sector privado que no obstante resultaba mucho más vehemente y ruidoso que Solbes. En aquel debate, que tuvo lugar cuando la situación económica sólo ofrecía leves señales de catástrofe, Pizarro fue excesivamente escandaloso y apocalíptico mientras que Solbes manejó con discreción y maestría su discurso, que más que un discurso era un rumor musitado de muy complicada inteligibilidad. Solbes, con su calma blandengue, quedó mejor en la tele y ayudó a Zapatero a ganar las elecciones; sin embargo, volver a ver hoy aquel debate, con lo que ha pasado después, es una experiencia sonrojante para los votantes de cualquier partido, y muy especialmente para los que votaron al señor Zapatero. Aunque sabemos que hay gente que no se sonroja nunca; recordemos ahora una de las grandes intervenciones de Manuel Azaña en el Congreso en 1932, diciendo a un diputado de la oposición: “Si su señoría no tiene capacidad de sonrojarse, permítame que me sonroje por usted”.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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