Espabila, hombre

“Si quieres entenderme, ven a las sierras y a las playas abiertas” (Walt Whitman, Canto a Mí Mismo)

 Este verso está escrito hace más de ciento cincuenta años, y ahí sigue, tan potente como el primer día. Digo yo que será porque es un texto que no tiene una sola molécula de retórica ni de acartonamiento. La literatura rococó, de mucho aparato, es una literatura que se queda vieja enseguida y que después de unos cuantos años se convierte ya en ilegible. Por el contrario, Whitman es un poeta que coge los conceptos con las manos y nos los trae sin procesarlos, sin tratarlos. Por eso parece un hombre descuidado y un mal poeta, pero yo pienso que lo que hace Whitman es dificilísimo y que además es lo que perdura porque es verdad. La parafernalia literaria es una cosa que se oxida y que sufre la erosión del tiempo. Además, este verso es, como todos los de su autor, una invitación a vivir la vida y a disfrutar de todo lo que está a nuestro alcance. Es una sugerencia, no una imposición.

 Todo esto viene a cuento porque hace poco me he encontrado con una persona pesadísima, y que Dios me perdone; una de esas personas para las que cualquier contrariedad minúscula les supone noches sin dormir e indignación máxima, personas que, además, están dispuestas a compartir esa indignación con el primero que pasa, y, en consecuencia, nos sueltan unas brasas completamente intolerables. Esta gente está enfadadísima por cosas que no tienen ninguna importancia. No quiero ni pensar en cómo va a tomarse esta gente la indefectible llegada del cáncer a sus vidas (porque el cáncer llega a nuestras vidas siempre, afectando a uno mismo o a alguien cercano). Si estas personas insoportables no pueden pegar ojo porque se les ha roto el móvil, figúrense ustedes el alboroto que montarán cuando tengan un cáncer de colon. Probablemente ocurrirá lo que suele ocurrir, que es que estas personas son precisamente las que se caen del caballo ante una enfermedad grave y deciden cambiar de vida porque ven de pronto que estaban malgastándola preocupándose por cosas sin importancia. Pues claro, hombre. Claro que malgastabas tu vida. Estaba clarísimo que tus preocupaciones antiguas eran el colmo de la nimiedad. Y ahora tienes cáncer y tal vez ya sea demasiado tarde (o puede que no). Esperemos que no.

 No soy quién para dar lecciones, y no sé qué cosa sea eso que se llama aprovechar el tiempo, porque creo que es un concepto muy relativo; pero vivir indignado de manera obsesiva porque la compañía del gas no me devuelve dos euros con cincuenta que me ha cobrado indebidamente (por ejemplo) es una manera como otra cualquiera de pasarse la vida en un estado muy similar al que presentaría un completo imbécil, dicho sea con todo el respeto.

 Después de encontrarme con esta persona tan desgraciada, he tenido la suerte de toparme con Whitman, que actúa como un colirio para los ojos de cualquiera.

Anuncios

Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s