La Pantoja de cera

 El Museo de Cera de Madrid ha decidido retirar de su exposición permanente la figura de Isabel Pantoja, que se exhibía allí desde el año 1985. Según informa la agencia EFE los portavoces del museo han declarado que “ante los hechos acontecidos en la Audiencia Provincial de Málaga con Isabel Pantoja hemos decidido retirar la figura, porque nosotros siempre nos hacemos eco de las circunstancias que van pasando”.

Debemos decir que los museos de cera son unos establecimientos cuya existencia hoy en día entra dentro de lo incomprensible. Las figuras que allí se encuentran tienen normalmente un parecido nulo con sus modelos, y casi todas las figuras expuestas son versiones horripilantes de las celebridades originales que tratan de replicar. Las sensaciones más frecuentes que uno experimenta en esos lugares son la vergüenza ajena, la grima y la repugnancia, no necesariamente por ese orden. Conozco a muchísima gente que ha visitado en alguna ocasión un museo de cera pero todavía no me he encontrado con nadie que sienta alguna fascinación por lo que allí ha visto, salvo aquellos que quieran saber las medidas físicas de un famoso (uno se acerca a la figura del futbolista Raúl y puede ver las dimensiones que este señor tiene en la vida real). En mi opinión, el museo de Madrid, en concreto, es un lugar especialmente grotesco, y que me perdonen sus responsables directos o indirectos, a los que les mando un caluroso abrazo. En ese museo particular, y hablando en términos generales, los parecidos de los personajes que allí se representan con las figuras de cera expuestas inducen a una cierta risa triste. Curiosamente, la zona de ese museo que más interés puede tener para una persona sin desequilibrios afectivos es la llamada Galería del Crimen, en la que están instalados diversos cuadros narrativos que explican los crímenes más tenebrosos de la historia moderna de España, acompañados de textos muy bien redactados. Esta galería tiene un interés divulgativo e historiográfico plausible, y ciertamente aporta una información específica (información sin la que podríamos vivir tranquilamente, ésa es la verdad). Pero realmente es la única zona que se ve con cierto interés, pese a que lo que allí se ve le pone a cualquiera la piel de gallina.

En este sentido, es curioso el hecho de que el museo mantenga las figuras de criminales sanguinarios como Jack el Destripador o el asesino del Expreso de Andalucía, y que éstas sean además las representaciones de mayor utilidad informativa, y que paralelamente el museo haya decidido suprimir a la Pantoja de sus salas por la condena por blanqueo de capitales. La incongruencia de los señores rectores del museo y su doble rasero a la hora de medir las conductas reprobables le dejan a uno perplejo. La propuesta que haríamos nosotros a los rectores de la cérea institución madrileña sería la de ubicar la figura de la tonadillera sevillana en la sala de crímenes, acompañada por las réplicas de los señores Julián Muñoz y Mayte Zaldívar, y representarlos en mitad de una de las trabajosas sacas de dinero metido en bolsas de basura de las que tanto se ha hablado. Así se rentabilizaría al máximo la polémica generada.

Al enterarse de la retirada de su figura de cera, la señora Pantoja ha solicitado que se le devuelva el vestido que ella misma donó en su momento para que lo luciera su réplica, y los responsables del museo han declarado que no hay problema en devolver ese vestido, pese a que “fue una donación que hoy por hoy es propiedad de la Casa”. Es decir, que si se tercia devolveremos el vestido pero mucho ojito porque fue donado y ahora nos pertenece. Este regateo cutre del traje de la Pantoja pone al caso en su exacta dimensión.

Es de esperar que el público continúe visitando el Museo de Cera de Madrid y siga saliendo de allí lleno de espanto y aprensión, en lo que constituye un fenómeno inexplicable que marcha viento en popa.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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