El desayuno con Cariñena

El pasado martes, me encontraba yo en una cafetería a eso de las diez de la mañana y de repente entró un señor de unos sesenta años de edad, se puso a mi lado en la barra y le dijo al camarero lo siguiente:

-Ponme un pincho de bonito con guindilla y un Cariñena.

Repito que eran las diez de la mañana de un día laborable. El camarero recibió las instrucciones sin hacer un solo gesto de asombro y le puso rápidamente su tapa de bonito y su Cariñena. La operación gastronómico-comercial se desarrolló bajo unos parámetros de normalidad completamente establecidos y consolidados.

Y ustedes me preguntarán: ¿es que hay algo raro en tomarse un plato de bonito en aceite con guindilla a las diez de la mañana? No necesariamente; el desayuno salado es una práctica cotidiana en todo el mundo civilizado. Lo que choca es lo del Cariñena. El Cariñena es un vino aragonés que por lo visto era antiguamente una sustancia de una densidad alcohólica verdaderamente arrasadora, pero me dicen que hoy en día ha quedado aligerado por las nuevas técnicas vinícolas derivadas del perfeccionamiento de las Denominaciones de Origen. Los Cariñenas de hoy son vinos perfectamente digestibles y que tienen unas cualidades muy positivas.

O sea, que no es un problema del Cariñena en concreto, sino de la mera ingesta de vino a las diez de la mañana de un martes corriente. Creemos que esa consumición matutina puede provocar un incidente en el estómago y en el cerebro de una persona mediana, y beberlo con la normalidad con la que se hizo aquel día sugiere dos cosas al espectador: en primer lugar, que aquel señor que pidió el vino estaba perfectamente preparado para la libación tempranera, y esa cualificación incita a pensar que el hombre bebía Cariñena por las mañanas muchas veces; y, en segundo lugar, que la reacción impasible del camarero daba a entender que este empleado de hostelería estaba tan habituado a servir Cariñenas por las mañanas como el cliente a pedirlos (y a tomárselos).

Todo esto nos lleva a considerar la posibilidad de que en España exista un circuito matinal de consumo de alcohol, en el que participaría un número de personas aún por determinar. Lo que en España consideramos normal es beber alcohol a partir de las doce y media del mediodía, y cuando vemos alguien bebiendo antes de esa hora nos choca. Ahora bien; probablemente lo alarmante es nuestro propio baremo, ya que entre las diez de la mañana y las doce y pico no hay gran diferencia, con lo que lo que nos sorprende del Cariñena a las diez debería soprendernos también si el Cariñena se toma a las doce. Jesús Franco, el director de cine, me contó que Orson Welles, cuando estaba en España, desayunaba todos los dias una botella de Ribera del Duero y un queso manchego después de pasarse toda la noche leyendo las obras completas del filósofo Zubiri, pero en su caso podemos considerar que la jornada laboral del intelecto terminaba a la hora en la que desayunaba.

Lo que quiero decir, después de tanto circunloquio, es que en España se bebe mucho alcohol y que es muy probable que en nuestro país se encuentre el mayor número de alcohólicos no diagnosticados per cápita del mundo. Beber en España es una costumbre de tal raigambre que sólo nos sobresaltamos si alguien empieza a hacerlo a las diez de la mañana. El aperitivo alcohólico a mediodía, sin embargo,  es un fenómeno cotidiano, infalible y absolutamente garantizado. Las personas que toman alcohol diariamente a la hora del aperitivo no son en ningún modo unos apestados o unos marginales completos, sino que, por el contrario, quien a esas horas se pide un mosto o una Fanta es el que verdaderamente podemos considerar como una persona sospechosa.

Por tanto, hay una mayoría de españoles que se achispan antes de comer y que muy probablemente seguirán achispados durante el resto de la jornada, con las consecuencias de descontrol íntimo que cualquiera puede imaginar. Con estas dinámicas, nadie puede extrañarse de que el funcionamiento de nuestra economía esté inscrito dentro de la improductividad más acusada. Los ingleses, por ejemplo, que son unos bebedores impresionantes, tienden a estar sobrios durante su jornada laboral y es a partir de las seis de la tarde cuando se forran a pints de cerveza hasta que caen redondos. No digo yo que ésa sea la mejor política de salubridad personal, pero es indudable que el funcionamiento laboral de un inglés es menos disperso que el de un español, que está medio trompa más de la mitad del día.

Lo que está claro es que todo esto desemboca en que nuestros hijos empiecen a beber a los doce años y a los veinte sean ya unos borrachos de padre y muy señor mío. Si papá se toma un Cariñena a las diez de la mañana, será que nada malo tiene el Cariñena. El relevo generacional borrachuzo está garantizado para las próximas décadas, y nuestro mal funcionamiento laboral también.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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