El blog sin sentido

Ahora va a cumplirse un año desde que este blog se puso en funcionamiento. Esta efemérides tiene una importancia muy reducida, tanto por la difusión de vuelo corto que tiene el blog como por el escaso peso específico que se percibe en los textos que lo conforman. La idea inicial era más bien vaga y los propósitos conceptuales siguen sin estar definidos. ¿Para qué sirve este blog? ¿Qué utilidad práctica ofrece al internauta? Todavía no lo sabemos bien; lo que está claro es que uno no ha hecho gran cosa para ceñirse a los parámetros del género. Cuando empecé con esto se me dijo que hay unas normas fijas que hay que respetar para que un blog funcione. Desde luego, un blog es un artefacto perfectamente alineado con la levedad fugaz de la comunicación actual, y su éxito o fracaso dependen directamente de esa alineación. Me dijeron que mi blog debía ser un lugar especializado, dedicado preferiblemente a un asunto concreto, definido y específico, fuese cual fuese, y que eso iba a conseguir fidelizar a un público más o menos obsesivo, un público de especialistas más bien psicóticos. Me dijeron que había que actualizar el blog a menudo y que las entradas o posts debían ser breves, y a ser posible debían recoger enlaces y vídeos; me dijeron que un blog ganaba mucho cuando tenía carácter multimedia. También me dijeron que había que aliñar los trabajos del blog con promociones paralelas en las denominadas redes sociales.

Pues bien: ha pasado un año y no he cumplido ninguna de las premisas que le catapultan a uno al éxito cibernético, salvo, quizás, la de la actualización constante.

El resultado, en consecuencia, es de una inanidad escandalosa. Este blog está lejísimos de haberse consolidado como una fuerza motriz en ningún ámbito. El seguimiento que tiene el blog es modesto, aunque fiel y sorprendentemente creciente. Muchas de las personas que lo leen por casualidad piensan sin duda que el blog no aporta nada en absoluto y que su lectura es un tostón insoportable que está quitándoles tiempo que podrían dedicar a ver vídeos en Youtube de gatos tocando el piano; sin embargo, hay determinadas personas en la red que entran aquí y que vuelven a entrar, cosa que, de alguna manera, es incomprensible. La generosidad de estos lectores habituales es un hecho que está muy por encima de lo exigible, y sólo puedo dar las gracias a quien se deja caer recurrentemente en este lugar.

Pero vuelvo a la pregunta inicial: ¿por qué existe este blog? ¿Cuál es la inercia absurda que me lleva a escribir cosas aquí? La respuesta es doble; por un lado, la desagradable mezcla de vanidad de escritor y de necesidad de escribir, que da como resultado la búsqueda de una determinada audiencia lectora; por otro lado, la ridícula presunción de creer que existe un vacío en la Red que puede resolverse parcial y mínimamente con la existencia de algún sitio en el que se trate de ver en lo que es, de contemplar con mayor o menor detenimiento y modestia cuál es la situación general y particular, y que lo describa tratando de que las palabras se ajusten a lo observado. Uno cree que la Red es un hecho milagroso que nos ha traído una mejora evidente en cualquier ámbito de nuestras vidas, pero uno cree también que la Red es además un galimatías dinámico en el que predominan criterios opuestos a los de la observación pura. Por decirlo de alguna manera, uno empieza a bucear en Internet, se tira el día buscando cosas y yendo de un lado para otro y acaba apagando el ordenador sin haberse enterado de nada y sin concretar de ninguna manera una descripción somera de lo que le rodea.

Naturalmente, creer que este blog va a resolver algún problema cognitivo de alguien es una pura ilusión presuntuosa que solamente puede incitar a la misericordia.

En realidad, el fondo del asunto es que uno escribe sin saber por qué y que hay alguien por ahí que, sin saber por qué, lee lo que uno escribe. Inexplicablemente.

Muchas gracias.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

2 comentarios en “El blog sin sentido”

  1. Tu blog es fantástico, muy divertido y sensato. No son dos cualidades que se den a menudo en la literatura (quizás solamente Jeeves o el bueno de Bertie Wooster me evoquen tales virtudes).
    Al parecer a Sócrates le irritaba muchísimo que los escritores no supieran por qué escribían. Andaba preguntándoles todo el día y nadie le sabía decir. Cada uno tiene sus manías, supongo,

    Un saludo y no abandones esto.

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