El Papa cercano

Jorge Bergoglio ha sido elegido Papa por el órgano colegiado correspondiente. La elección de este señor ha dejado atónita a la gran mayoría de los vaticanistas especializados, que barajaban unas ternas equivocadas y que habían descrito unas quinielas que no se han cumplido. Ahora se puede decir lo que se quiera, pero es evidente que a este arzobispo argentino no le conocía casi nadie, fuera de los ámbitos eclesiásticos o argentinos. De pronto sabemos que el Papa Francisco es un hombre humilde, sencillo y, en definitiva, admirable, aunque lo sabemos porque determinadas fuentes de información se han preocupado de ir suministrando estos datos. Por tanto, y si damos a estas informaciones tan repentinas la importancia que tienen, veremos que seguimos más bien desorientados con respecto al nuevo Santo Padre.

Sin embargo, conocemos ya datos ciertos relativos a este señor: que es jesuita, argentino, que tiene un solo pulmón, y que tiene 76 años. Y dentro de las pequeñas señales que el Papa ha podido ir transmitiendo deliberadamente por sí mismo, hay dos cosas significativas: en primer lugar, el Papa es un hombre que en las dos intervenciones públicas que ha tenido hasta ahora ha utilizado el humor como mecanismo de cercanía al público, cosa indudablemente positiva y plausible se mire como se mire. Y, en segundo lugar, el nuevo Papa ha roto una cierta tradición que consistía en pronunciar la primera homilía del pontificado en lengua latina o griega y leyendo el texto de una forma eminentemente frigorificada; Francisco, por el contrario, ha optado por un sermón improvisado, cercano, poco teológico y expuesto en una lengua italiana de andar por casa: un sermón parroquial, en definitiva. Es decir, que este Papa tiene a mi entender la intención consciente y deliberada de transmitir al mundo una imagen de simplicidad expresiva y de emoción humana, lo que se encuentra en franco contraste con la erudición doctrinal y fría de su emérito antecesor. Bergoglio ha interpretado que la Iglesia necesita otra marcha y parece dispuesto a dársela. Las informaciones que nos presentan a un Papa nuevo que viaja en metro y que acude personalmente a pagar la pensión en la que vive son posiblemente parte de esta nueva campaña de acercamiento a la feligresía.

Ahora bien: ruego al lector que no piense que todo esto nos parece una mala idea. De ninguna manera. Cualquiera que haya podido escuchar al Papa Bergoglio en estos dos días justos de pontificado se habrá dado cuenta de que en materia de fe todavía funciona el pellizco y la calidez. En términos generales, la seducción es importantísima, y en el ámbito concreto de la religiosidad, aún más. Este señor lo sabe, como lo sabe cualquier ciudadano argentino, y por eso los argentinos generalmente hablan como hablan, y por eso su oratoria le mece a uno como si estuviera en una hamaca. Francisco I quiere devolver el pellizco sentimental a la Iglesia y parece que sabe cómo hacerlo (no olvidemos que este nuevo Papa empezó como párroco en 1971 y cinco años más tarde ya era arzobispo, con lo que es de suponer que es un hombre de una notable fuerza empática).

La singularidad de Bergoglio se ve mejor por contraste, así que próximamente hablaremos aquí del diputado, ex ministro de Fomento y ex número dos del PSOE, don José Blanco, que hoy anda metido en líos y que puede que sea precisamente el polo opuesto del nuevo Papa en más de un sentido.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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