Silvio Berlusconi y Michael Jackson

Se publican hoy innumerables análisis sobre las elecciones italianas, celebradas durante los últimos dos días. Todos esos comentarios que aparecen en la prensa son atinados y cada uno en su estilo disecciona el oscuro panorama parlamentario que se abre en el país mediterráneo; por tanto, me remitiré a todas esas columnas de opinión, que están escritas desde el conocimiento y el buen sentido. No obstante, me gustaría comentar un aspecto de estas elecciones que tal vez se da por sentado pero que me parece de interés: se trata del aspecto físico del candidato de centroderecha Silvio Berlusconi.

Berlusconi es un personaje conocidísimo en todo el mundo y es un hombre que ha sido calificado de las más diversas formas, y pocas con elogio, pese a que sucesivamente obtiene amplios porcentajes de apoyo en las elecciones generales italianas desde hace más de veinte años. Su trayectoria está llena de episodios rocambolescos que se caracterizan por una constante: la búsqueda de la impunidad a través de la demagogia. El pasado domingo Berlusconi acudió a su colegio electoral, en donde unas mujeres en topless le manifestaron su rechazo en forma de gran alboroto (cosa que pudo haber sido malinterpretada por Il Cavaliere, quien, ante mujeres semidesnudas que gritan, probablemente sea un hombre de ideas fijas y que no capte los matices). En todo caso, cuando se disponía a ejercer su derecho al voto, Berlusconi miró a las cámaras de los reporteros y ofreció su impresionante sonrisa. El cuadro estético que componía en aquel momento el antiguo primer ministro era de muy difícil descripción: maquillado como una vedette, con las cejas pintadas con rotulador, la cabeza decorada con espray de unos polvos que simulan pelo negro, y el rostro tirante a más no poder, con los carrillos sujetados desde detrás de las orejas por algún dispositivo implantado quirúrgicamente. Para cualquier espectador sin prejuicios, Berlusconi tiene en estos momentos una apariencia física francamente marciana.

Sin embargo, hay un hecho que no hay que pasar por alto: que Silvio Berlusconi nació el 29 de septiembre de 1936. Es decir: que el empresario milanés ha cumplido ya los 76 años de edad. Y si queremos ver las cosas con cierta perspectiva y sin ideas preconcebidas, tendremos que admitir que este señor, con su aspecto grotesco que antes hemos tratado de describir, este señor, digo, aparenta tener veinte años menos. Así son las cosas. Berlusconi parece un muñeco de cera, ciertamente, pero un muñeco de cera de unos sesenta años de edad.

Con sus estratagemas estéticas evidentes, Berlusconi ha adquirido un look estrafalario que salta a la vista, pero ese look le ha convertido en una figura intemporal. Ha optado por la reinvención extravagante de su propia persona, y con ello ha conseguido permanecer en una edad inconcreta, indefinida, pero desde luego más cerca de la sesentena joven que de la ochentena que en la que prácticamente está a punto de entrar. Por tanto, Berlusconi es un hombre esperpéntico pero mucho más joven de lo que es en realidad. En este sentido, su propia transformación física se asemeja (salvadas todas las distancias que haya que salvar, como es natural) a la del desgraciado músico Michael Jackson, otra celebridad que optó por salir de la normalidad estética y de los cánones de la raza humana para permanecer en un limbo mutante en el que la edad no existe.

Evidentemente, las diferencias entre Berlusconi y Jackson son muchas y muy grandes, empezando por la autoestima, siguiendo por la fragilidad interior y concluyendo en el modo de manejar las riendas de sus respectivas vidas. Pero ambos son dos especímenes estéticos de gran relieve. Y ambos, a sus respectivos niveles, fueron cantantes: recordemos que Il Cavaliere empezó como crooner de cruceros y que ha editado cuatro discos de canción ligera italiana que han sido grandes éxitos de ventas en su país.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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