La juventud y la crisis

He coincidido en el metro con cuatro chicas de unos veinte años de edad que hablaban a un nivel de decibelios perfectamente insoslayable. La conversación era tan ruidosa que no había posibilidades de ignorarla. Las chicas debatían sobre la situación económica. “Es una vergüenza que la sanidad ya no sea gratis”, decía una; “ya, tía, es un desfase”, contestaba otra; “y los desahucios, y encima los políticos llevándose el dinero de la gente”, señalaba la tercera chica; “muy heavy“, decía la cuarta. La primera chica, entonces, elaboraba un discurso articulado que resumía de forma poética la coyuntura que estamos viviendo: “Cuando yo tenga un hijo, no quiero que viva en este país sin sanidad, sin escuelas, sin ayudas sociales, con unos mangantes como los que nos gobiernan. No hay derecho. Tenemos que hacer algo.”. Estas razones tienen muy difícil refutación, así que las otras chicas asentían enérgicamente.

En realidad, todo el vagón del metro estaba de acuerdo con esta joven, y poco ha faltado para que se oyese una cerrada ovación. Sin embargo, por unos momentos no se ha oído nada. En el metro todos estábamos callados, masticando de alguna manera las palabras de la chica, maravillados por sus razonamientos, contagiados en un momento de solidaridad. Y de pronto, una de las chicas dice: “Oye, y qué fuerte lo de Gandía Shore“. “Es flipante”, le contesta otra. “Labrador está muy bueno pero es super imbécil”, dice la mujer solidaria; “y la Core es muy choni pero es muy legal”; “sí, la tía mola”, le contesta otra.

He aquí las contradicciones de la vida moderna: la juventud participa de una dispersión generalizada que pone en el mismo plano la preocupación por la situación crítica de la economía y la afición por un reality show como Gandía Shore, que podemos definir como la apoteosis de la superficialidad burriciega. Por decirlo de otra manera: en los smartphones de estas chicas conviven perfectamente las consignas vagarosas del 15M, bienintencionadas e inconcretas, y las declaraciones de la madre de Gata, participante en Gandía Shore, unas declaraciones concretísimas en las que esta señora madre insta a su hija a que “se cepille a todos los de la casa”. Ambas cosas en el mismo plano, compartiendo espacio, al mismo nivel de importancia. Todo lo que pasa por el smartphone es igual de heavy.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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