La superficie y el fondo

Resumo brevemente las principales noticias de portada a las 13:25 h del 20 de junio en un diario digital de información general y con fama de serio:

  • “Iker Casillas y Sara Carbonero desconectan durante su día libre en el Mar Báltico”
  • “Los 70.000 euros con los que el concursante Aris entró a Gran Hermano podrían proceder del botín robado”
  • “Un joven sobrevive tras clavarse un arpón en el cráneo mientras lo manipulaba”
  • Benzema: “Podemos dar la sorpresa contra España”.
  • “La exposición a contaminantes afecta a los testículos”
  • “El Tribunal Supremo sentencia que Nuria Bermúdez y su hijo deben abandonar la casa de Dani Güiza antes del 9 de agosto”.
  • Tania Llasera: “El orgasmo es fundamental”
  • “Un modelo masculino demanda a Abercrombie & Fitch por pedirle que se masturbara”.
  • “Las grandes mentiras sobre el pilates”.

No me invento nada. Me parece bien que la gente se distraiga, pero estamos hablando de unas noticias que abarrotan la portada: las noticias de Política, Economía, Internacional o Ciencia tratan de asomarse por las rendijas de la red, intentando ocupar un espacio ínfimo. No tengo ninguna duda de que si esto está así es porque estas noticias bobas tienen el mayor número de “clics”: en medición de audiencias, nada hay más fiable que el recuento de las visitas a cada noticia en Internet (a diferencia de las mediciones televisivas, por ejemplo, que son un ejemplo de arbitrariedad y de inexactitud). Parece evidente que la gente pincha en estas noticias, y, por ello, los diarios deciden que este estilo de bobadas es el que debe preponderar y recibir trato preferencial.

Justo después de ver todo esto he podido salir a la calle y he visto que el mundo en general paseaba alegre bajo el sol y que las cosas parecían marchar bien. La gente sonreía. Y he pensado que no hay que exagerar, y que no se puede ser tan áspero como yo, y que las circunstancias tienden a mejorar con el tiempo, y que todo se arreglará de una manera u otra. Pero en mitad de la multitud, he visto a una señora que caminaba llevando una bolsa de plástico en la mano. Iba bien vestida y arreglada, y, no obstante, la señora iba llorando a moco tendido, haciendo unos pucheros impresionantes. El conjunto resultaba insólito. ¿Por qué lloraba esta mujer?

Una persona que camina a buen paso, que no presenta signos externos de devastación y que, sin embargo, va llorando sin poder evitarlo. Esto es lo que he visto hoy, en medio de las sonrisas.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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