La marroquinería humana

Aparece la noticia de que un camionero se ha pasado la tira de años haciendo a diario una misma ruta, y ahora tiene el lado izquierdo de la cara completamente envejecido por el sol, mientras que su lado derecho se mantiene lozano y terso. El contraste entre ambas mitades de la cara es impresionante. Se comprueba, por tanto, que el sol, fuente de energía y de vida vegetal, es un agente devastador para la piel; en principio no parece una noticia verdaderamente sorprendente. Esto se sabía.

 Los rayos del sol duelen, acartonan, depauperan y provocan cáncer. Ante el excesivo sol, cualquier animal de sangre caliente tiende a buscar cobijo. Este comportamiento natural, que es de una obviedad clara, está hoy por hoy neutralizado por la preocupación por el bronceado. Durante siglos se ha buscado una blancura de piel total, pero ahora la gente se ha ido al otro extremo y huye de la palidez: en el mundo moderno, y salvo que uno sea un gótico tenebroso y militante, todos queremos estar morenos. Hay personas que llevan esto al límite y pagan dinero para poder meterse un rato en féretros de rayos uva; esas mismas personas suelen pasarse de rosca con la gradación del tono de su piel, que acaba teniendo las propiedades de los artículos de marroquinería. La obsesión fotofílica le convierte a uno en una especie de bolso de cuero, con cremallera y todo.

 El aspecto que presentan los amantes del bronceado es indudablemente una de las cimas de la ridiculez contemporánea. Y la vejez que tienen los rostros de todos estos seres morenos es pésima, con un deterioro vertiginoso, demostrado ahora en la mitad de la cara del camionero bifronte. El tostado epidérmico es una cosa que no es saludable y que además ni siquiera es atractiva, y aún así, prolifera. El fenómeno se parece al de la delgadez extrema: ambas son actividades nocivas, y eso es lo de menos (la vida tiene muchas cosas espléndidas que son malas para la salud); el problema está en que esa estética es absurda, y sólo gusta al fanático que está metido hasta el cuello en esa vida de sugestión bronceada y aislamiento. Los retostados tienen una percepción de la realidad completamente chamuscada.

 Puestos a realizar actividades malas para el organismo, se me ocurren docenas de cosas mucho más divertidas y de mayor rendimiento lúdico y social que abrasarse el cuerpo como un lagarto.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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