La abolición del aburrimiento

La idea de la inactividad total es una idea que a muchas personas les da urticaria. Se dice que lo fácil es estar viendo la tele en calzoncillos y que en España somos muy partidarios de la horizontalidad, pero eso es inexacto. La inactividad física requiere una fortaleza mental que no todo el mundo tiene. Tarde o temprano, uno tiende a revolverse en su asiento y a ponerse a hacer alguna cosa.

El aburrimiento es un hecho funesto que, en la sociedad moderna de los móviles y de los chats frenéticos, no puede tolerarse. La necesidad inmediata de tener una experiencia a cada instante ha reducido las posibilidades de aburrirse, salvo que uno tuviera la mala suerte de ver el partido de los mil pases de la selección española y pudiera haber visto a Isco adobando lentamente el balón como si fuera un cazón de su tierra malagueña. Si exceptuamos el fútbol, que generalmente es de un aburrimiento completo y que a pesar de ello nos sigue teniendo en vilo, no queremos aburrirnos.

De ahí la proliferación de actividades como la práctica del deporte, que es de gran utilidad para aquellas personas que no son capaces de mantenerse en reposo haciendo una pequeña reflexión o leyendo un libro. Y de ahí también el éxito de los coach, entrenadores personales, motivadores más o menos caraduras y manoseadores de unos lugares comunes que se venden como aforismos revolucionarios que nos cambiarán la vida. El timo de los gurús se fundamenta en la persecución del aburrimiento.

Algunas personas, sin embargo, son capaces de permanecer en reposo. Vistas desde fuera, estas personas parecen unos vagos redomados, pero su movimiento interior es vigoroso y rico. Contemplan la realidad, la sintetizan, extraen su esencia y pueden transformarla en ideas nuevas. De vez en cuando, cogen un libro y leen un rato. Suelen leer libros alejados de la practicidad especializada, la aplicación directa a la problemática cotidiana y la resolución de conflictos. Son libros cuya lectura podría definirse como una pérdida de tiempo. La óptica de hoy en día nos coloca en la obligación de definir a estos señores y a sus lecturas como gente absurda que está echando su vida por la borda.

Sin embargo, señores lectores, eso no es así. Las personas capaces de encontrar mecanismos mentales activos bajo una apariencia de hibernación física son las que van a tener una vida mejor porque podrán disfrutar sin necesidad de hacer tirolina o viajar a la República Dominicana. Van a ahorrarse enormes cantidades de dinero en viajes, gimnasios, coaches, médiums, nutricionistas, nigromantes del yoga, expertos de la gestión de las oportunidades personales y acompañantes nocturnos de carácter oneroso. Las personas que se quedan reflexionando en solitario y leen libros de nula aplicación práctica no necesitan nada, no deben desconectar de nada y no estarán nunca en ningún atasco de tráfico. Las vacaciones de estas personas son baratísimas y no contribuyen de ninguna manera a engrosar el PIB del sector turístico.

Claro está que una sociedad no puede funcionar con una mayoría de estoicos o ascetas, y bienvenidos sean los hombres de ciencia o los creadores que establecen y desarrollan los patrones para que el mundo avance. Pero entre esos líderes y los hombres hibernados y reflexivos hay una inmensa mayoría de personas desnortadas, que buscan algo y no encuentran nada, gastándose por el camino colosales cantidades de dinero que acaba en manos de orientadores y superprofesionales de lo más cucos. Esta población desorientada es la que se embarca en cruceros y se apunta a las más disparatadas dietas para adelgazar.

Insisto: yo sospecho que la clave de todo esto está en el aburrimiento. El aburrimiento, que sin matiz alguno se identifica con el estatismo y la quietud. Es extraño ver a alguien que está sentado sin consultar su teléfono o sin poner la radio o la tele. Lo normal es buscar el ruido y tratar de rodearse de un cierto jaleo ambiental.

Las personas que pueden convivir con el silencio y la inactividad física son seres humanos de nivel superior y no requieren nada. Nunca se enfadan ni conocen la crispación. Nunca están que se suben por las paredes, ni sienten que les come la casa, ni tienen que halagarse a sí mismos por indicaciones de un coach de rostro de piedra. Nunca tienen la angustia de no haber aprovechado bien el día. En realidad, su día siempre es un día de gran provecho.

Todo esto no se quiere reconocer y mientras tanto la inmensa mayoría de la población lleva un mes viendo el Mundial de fútbol, que es una de las maneras más aburridas de no aprovechar el tiempo. Sobre todo, si juega Isco.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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