La gimnasia artística

Estamos en plenos Juegos Olímpicos y parece que la gimnasia artística está obteniendo unas audiencias televisivas altísimas, inauditas. El horario de las finales de este deporte coincide con el prime time en España, y por lo visto los telespectadores están enganchándose a este deporte más o menos alejado de la rutina deportiva en la tele, protagonizada habitualmente por el fútbol. Se sabe que en general la Olimpiada arrastra a un público no necesariamente deportivo, como algunas señoras a las que les gustan los himnos, la rivalidad entre países y la pompa del hecho olímpico; pero el fenómeno de la gimnasia artística está excediendo cualquier frontera demográfica.

Para una persona como yo, provista de unas articulaciones completamente rígidas, esto de la gimnasia artística forma parte del ámbito de la ficción audiovisual. Yo veo las cabriolas, volatines y tirabuzones que realizan estos gimnastas con una admiración y un asombro que roza la incredulidad, como si estuviese viendo una película de George Lucas. Los ejercicios de barra fija parecen secuencias de efectos especiales de la Industrial Light & Magic. Entiendo que esta sensación es la misma que provoca que la audiencia televisiva se quede embobada viendo esto y no cambie de canal. El telespectador vuelve a la niñez porque vuelve al circo. Las contorsiones son manifestaciones corporales circenses y el equilibrismo puro nos transmite la sensación de peligro que siempre ha transmitido un equilibrista de circo.

La gimnasia artística es un triunfo de la elasticidad humana, entendida no sólo físicamente (que también) sino como una de las cimas del empuje y de la tenacidad para llevar a un cuerpo a sus límites. Esto se ve en los propios cuerpos de los atletas, que son la culminación de un procedimiento físico, médico y casi escultórico sin parangón. Estos cuerpos van forjándose dentro de un patrón hasta llegar a los niveles de homogeneización que vemos por la tele. Desconocemos cuáles son las herramientas utilizadas para esta forja, pero el caso es que todos los gimnastas desembocan en clones más o menos híbridos de persona y máquina. Son ciborgs biónicos que a veces nos ponen la piel de gallina.

Cualquiera ve que el patrón corporal de la gimnasia artística se caracteriza por varios rasgos: en primer lugar, la sobredimensión muscular del tren superior, que presenta un desarrollo monumental. Los bíceps braquiales son inmensos, los hombros parecen sillares de piedra berroqueña, y la espalda y el pecho presentan una anchura de aquí te espero. Incluso el contorno del cuello tiene un perímetro desmesurado (si es que podemos hablar de perímetro en una figura geométrica tridimensional y más bien cilíndrica). En resumen: la parte de arriba del cuerpo de un gimnasta (hombre o mujer) parece más bien la de un gorila joven o la de un novillo corpulento, dicho sea desde el respeto que infunde un cuerpo así, capaz de hacer añicos a cualquier persona corriente. En segundo lugar, los gimnastas tienden al achatamiento, a la atrofia del desarrollo longitudinal de sus extremidades. Son pequeños, reducidos, recortados y recogidos. Existía hace años una gran gimnasta rumana llamada Svetlana Khorkina que parecía longuilínea y altísima y que, sin embargo, medía solamente 1,64 metros, lo cual nos pone en perspectiva sobre esto que estamos comentando. La nueva reina de la gimnasia, la norteamericana Simone Biles, mide 1,42, doce centímetros menos que la media del país de la OCDE con las mujeres más pequeñas, que es Méjico. Por tanto, esta gente es objetivamente corta. No queremos saber qué selección se hace o cómo se consigue una homogeneización sistemática de la bajura, pero el hecho parece demostrable.

Los gimnastas son gente ancha, anabolizada y pequeña y eso es una realidad que no tiene nada de malo. No obstante, en este punto conviene detenerse y quizá pisotear determinadas líneas rojas de la corrección política, pero debemos decir que este aspecto humanoide de los atletas choca menos en la competición masculina que en la femenina. Vamos a tratar de explicar esto sin herir excesivas sensibilidades. El desarrollo muscular excesivo no asusta en los hombres de la gimnasia, pero esta corpulencia achatada hace que las chicas gimnastas (a veces son niñas) no se parezcan a ninguna otra mujer corriente que no se haya alimentado a base de batidos de esteroides. Son niñas de edad indefinida, de aspecto vagamente hombruno, pequeñas y que, muy en el fondo, causan cierta pena, porque los espectadores sospechamos que estas chicas están sometidas a un régimen disciplinario-médico-deportivo de carácter dictatorial. Esta sospecha podría tener su base en la hegemonía de las superpotencias comunistas durante décadas en este deporte, con sus entrenadores castrenses de aspecto siniestro y con sus técnicas para retrasar los efectos naturales del desarrollo adolescente.

Por otra parte, los hombres que se dedican a esto tienen una musculación más convencional y tal vez inspiran menos lástima, pero se mueven con una ligereza que las personas más cavernícolas (como yo) tienden a relacionar con el género femenino. Los saludos y los despatarramientos que estos hombres realizan con tanta donosura contravienen los estereotipos trasnochados que manejamos algunos ciudadanos retrógrados. O sea, que en este deporte vemos que tanto unos como otras se encuentran fuera de los patrones digamos tradicionales y arcaicos de cada sexo. Insisto en que estas reflexiones se hacen desde la intuición superficial, pero la cosa es que los gimnastas (hombres y mujeres) parecen formar parte de un tercer grupo sexual, ni masculino ni femenino, formado solamente por ellos mismos. Por tanto, se podría pensar que desde un deporte tan exigente como éste se llega a la consolidación de un grupo humano de tipología propia, formado por saltimbanquis de extremidades cortas y sometidos a tratamientos propios del engorde del ganado.

Todo esto podría provocar escalofríos pero no parece que los provoca, así que sigamos disfrutando de la gimnasia artística.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

2 comentarios en “La gimnasia artística”

  1. ffffff, Khorkina es rusa, no veo problemas en el concepto del perímetro del cuello ni de cualquier otra cosa tridimensional y lo peor es el tono sexita de esta entrada. Posicionarte como cavernícola no te da derecho a pisotear ninguna “línea roja de la corrección”. Me gusta cómo escribes

  2. Estimado Antonio: Gracias por su colaboración. Mis disculpas a Khorkina por confundir su nacionalidad. Es evidente que la entrada es relativa al sexo, aunque no sé si muy sexista, porque no veo que sea una entrada discriminatoria con ninguno de los dos sexos. Ni siquiera con el supuesto tercer sexo gimnástico. Mi intención es señalar la decantación sistemática de los cuerpos humanos en pro de la homogeneización y la eficiencia deportiva. Este modelado humano es un escándalo y, sin embargo, está tolerado. Un saludo

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