El odio a los portugueses

Mourinho ha concedido una entrevista a un medio de comunicación británico y ha dicho que en todos los campos ingleses le abuchean, pero que lo hacen desde el respeto, y que, por el contrario, en España le abucheaban en virtud de la animadversión total que los españoles sentimos hacia los portugueses. Mourinho dice que en España hay un “odio profundo” a todo lo que procede del país vecino, y que eso se ve no sólo en el desprecio que se le ha mostrado a él sino también en la ira que despertaban los jugadores portugueses del Real Madrid.

Ya sabemos que Mourinho se dedica a emitir titulares de prensa que lo envuelven todo en una niebla espesa, niebla que impide que se discuta de forma específica sobre fútbol. En este sentido, Mourinho es un productor de exabruptos y con ellos busca una contestación, una polémica, un jaleo. Desde ese punto de vista, no hay mucho que decir. Sin embargo, esta última declaración de Mourinho es un poco más absurda de lo habitual porque por un lado es innecesaria (este señor ya no compite en España y no tiene necesidad de arrear mandobles al público español) y, por el otro lado, estas palabras no pueden estar más lejos de la realidad social que tratan de describir. Yo vivo en España desde que nací y llevo mis treinta y ocho años de vida hablando con mis conciudadanos, tratando de enterarme en cierto modo de lo que les preocupa, y no me he encontrado nunca con nadie que odie a los portugueses. Por el contrario, he conocido a muchísimos españoles que odian con mayor o menor intensidad a los ingleses, a los norteamericanos, a los alemanes, a los marroquíes y por supuesto a los franceses, pero no he visto a nadie a quien le irriten o molesten los portugueses. Digo yo que si uno recorre diversos enclaves en la frontera lusa de Galicia, Extremadura o Andalucía se encontrará con gente que no se lleva bien con los portugueses, pero eso forma parte de las normales relaciones vecinales, que son generalmente malas; esos odios por proximidad municipal se pueden observar en cualquier comarca de cualquier lugar del mundo. Pero aparte de eso, nadie odia a los portugueses por su carácter.

Y es que no parece que los portugueses estén inspirando motivos para ser odiados. Como ya hemos dicho anteriormente en este blog, y siempre hablando en términos generales y con todas las salvedades que haya que hacer, los portugueses suelen presentar unos niveles de civismo, equilibrio y educación muy superiores a los que tenemos generalmente en España, y si algo se les reprocha con razón es su melancolía resignada, sentimiento que por cierto no constituye ningún peligro para un tercero. Muéstrenme un portugués tristón que añora en soledad sus paraísos perdidos, y me mostrarán a alguien que no hace daño a nadie. Los portugueses que yo he conocido son personas articuladas, moderadas y que se comunican con un lenguaje exquisito y a unos volúmenes de voz perfectamente adecuados.

Da la casualidad de que el señor Mourinho, con su comportamiento brusco y acalorado, constituye un ejemplo de todo lo contrario. Y puede ser que la gente en España le haya abucheado por chulo y por bronquista, pero no por portugués: de hecho, es posible que la aversión que Mourinho despierta provenga de su falta de portuguesismo efectivo, por decirlo de alguna manera. Y si los abucheos a Mourinho se han extendido a personajes como Cristiano Ronaldo o Pepe es porque estos dos sujetos, con su comportamiento cotidiano, se alejan de la conducta social que muestra cualquier portugués con el que nos crucemos en la calle. No digo yo que estos sujetos no sientan el amor patriótico por su tierra, pero sí que Cristiano (con su alarde de músculos y sus protestas absurdas) y Pepe (con su expediente impresionante de expulsiones, patadas y broncas) son abucheados por lo que hacen, no por lo que son.

Por tanto, nosotros seguimos siendo admiradores del país vecino y esperamos que sus habitantes sigan siendo como son, al tiempo que respetamos que Mourinho y sus satélites decidan libremente comportarse de la manera más energuménica que consideren oportuno. Pero no estaría mal que comprendieran que la chulería y la beligerancia (y no el portuguesismo) son las que despiertan el acaloramiento del público. Y la chulería no es específicamente portuguesa, ni muchísimo menos: la chulería y el cretinismo son patrimonio de la humanidad.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

6 comentarios en “El odio a los portugueses”

      1. Tantos son los sitios fabulosos de este magnífico planeta que el universo nos ha regalado…y tantas las cabezas huecas que, día a día, a propósito o sin querer, quieren convertirlo en un continuo trago amargo. Así, despertar y vivir buscando y compartiendo los momentos felices, sin odios ni resquemores, nos liberamos y nos convertimos en verdaderos humanos.
        Un cordial saludo.

  1. Yo personalmente no tuve ningún problema con los portugueses hasta que tuve el dudoso placer de conocer muchos, trabajar con ellos es un infierno, son el diablo y hacen piña para perjudicar a todo aquel que no sea luso, a me lo hicieron pasar muy mal y he tenido la misma experiencia en 2 países distintos( suiza y Andorra) y con grupos que no se conocian entre si, Mou, Cristiano y Pepe representan muy bien al típico portugués, he conocido a unos 80 portugueses, solo 2 eran buenos y ellos mismos decían que los portugueses daman asquete y hablo con inmenso conocimiento de causa!!!

    1. Disparate! Os portugueses não odeiam ninguém, muito menos espanhóis, que são os nossos únicos vizinhos. Os espanhóis, lamentavelmente, nada sabem de Portugal e olham para os portugueses com desprezo, como os franceses olham para Espanha. Parece que apagaram Portugal do mapa, por vergonha, suponho, porque Portugal impede a grandeza total de Espanha.

  2. Senhor Fernando:
    Contesto parafrasseando o grande intérprete espanhol Andrés Pajares no la sua película “Cristóbal Colón, de oficio descubridor” (Mariano Ozores, 1982), com el suo fermoso fado: “O bragueteira do Vasco de Gama que tem a curaçao / Aquelhos peus tiraos en Portugal / Para que tous lo passem moito mal / O rio Tajo e la su profundidade / Tócame as bolas, que a mí me gustará”.
    Parabens

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