El futbolista nazi

El futbolista griego Giorgos Katidis, jugador del AEK de Atenas, ha sido amonestado y vetado para siempre en la selección griega por realizar un ostensible saludo fascista/nazi, brazo en alto, en la celebración del gol que marcó el pasado sábado frente al Vedia, equipo recién ascendido. Este jugador ha declarado que no sabía exactamente la significación del levantamiento de brazo: “Pensaba que era un gesto que invitaba a ponerse en pie ante alguien, sin más. Lo había visto en algunos vídeos de Youtube”. Incluso los ultras de su equipo han pedido una sanción ejemplar.

Independientemente de lo grave del gesto y de la necesidad de que sea sancionado, es importante señalar que este jugador nació en 1993 y que, en consecuencia, hay muchas posibilidades de que el muchacho participe de forma natural en el importantísimo desajuste que supone la juventud en general. Es decir, que cuando este jugador dice que no conocía el alcance del saludo es probable que diga la verdad. Una persona de veinte años suele ser un indocumentado de tomo y lomo, y el hecho de que sea futbolista no le otorga ninguna capacidad adicional, más bien al contrario. Es razonable sospechar que los adolescentes de cualquier lugar de Europa no tienen la menor idea de prácticamente nada; el hecho de que el jugador confiese algo tan juvenil como que sus referencias documentales son “algunos vídeos de Youtube” otorga cierta verosimilitud a sus palabras.

Por otra parte, este gesto se ha producido porque sigue vigente la manía férrea de celebrar los goles haciendo las estupideces más notables que quepa imaginar, y en esta escalada en busca de la originalidad conmemorativa estaba faltando ya la aparición de un fascista. Durante una época se trató de sancionar las prácticas más insensatas de las celebraciones de los goles, pero parece que intentar impedir la aparición del energumenismo humano es verdaderamente una tarea imposible. La insensatez tiene poca densidad y se filtra por cualquier rendija.

Dicho todo lo cual, me da en la nariz que todas estas condenas, sanciones y rasgamientos de vestiduras dirigidos hacia el futbolista pueden darse la vuelta en cualquier momento. Si este jugador Katidis sigue una progresión positiva en su juego y se convierte en un goleador eficiente, hay muchas posibilidades de que la Federación griega se lo piense mejor y le condone la sanción para que empiece a jugar en la selección, puesto que, como se sabe, la capacidad que el ser humano tiene para el perdón desinteresado y la misericordia es infinita.

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Publicado por

Pedro Gumuzio

Escritor. Coautor del libro "Tambor, el mundo según Gonzalo Artiach" (Plataforma Editorial, 2010) y autor de la novela "La herramienta comercial" (Ed. Top Performers, 2011)

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