Usted no sabía que la novela del momento es Comedia de los días, de Jorge Isusi, editada por Loto Azul. Usted tal vez no conoce a Jorge Isusi, pero yo sí, y Jorge no solamente es una de las personas más consideradas, cultas y amables que usted no conoce, sino que también es uno de los más grandes escritores desconocidos que yo conozco.
Y usted quizá no sabe que yo renuncio a ser uno de esos críticos vulgares que se limitan a extraer con aire de sagacidad todas las referencias literarias del libro de Isusi; una novela como esta, que nos retrata a un militar en tiempo de guerra, viviendo en un enclave conquistado, podría ubicarse en la tradición novelística de las guerras pacíficas, porque en la guerra de Isusi —guerra imaginaria, ignota, que no es ninguna de las guerras que hemos conocido— en esta guerra de Isusi, digo, nunca pasa nada, y los militares se entretienen como pueden; en ese sentido, usted ya intuye que uno puede caer en la tentación de emparentar el libro con El desierto de los tártaros, de Buzzati, con su frente bélico quieto y silente, con sus militares esperando durante años a que algo pase. O podríamos enlazar sus momentos cómicos con alguna peripecia del buen soldado Svejk, qué duda cabe. Pero no haré estas comparaciones porque el libro de Isusi trata, como todos los grandes libros, de su autor.
El protagonista del libro, Eduardo Colina, abogado en su vida anterior y alférez en su vida presente, es una especie de Jorge Isusi, aunque usted no lo sabe porque no conoce a Jorge, pero yo sí, y el libro es la inmersión progresiva de Colina en su propio yo, porque Jorge Isusi ha proporcionado a su personaje la solución frente al tedio espiritual de esta guerra sin ofensivas ni ataques, y la solución es el abordaje a uno mismo, la colonización de la mente propia. El libro nos presenta la guerra somnífera y disecada, y además en medio de un apagón, y va dejando que su protagonista abandone la realidad frigorificada de los días para entregarse a sí mismo, a sus ausencias, a la escritura de su diario, a sus recuerdos, a su literatura, que es la literatura de Isusi, por si usted no lo sabía. Colina es reservado, ausente, discreto (“volvieron al pueblo juntos, sin hablar; Colina, porque era esa su naturaleza”); es también un crítico literario de la novela que está leyendo en su cuarto mientras los días se repiten en serie; es, quizá intermitentemente, un observador, pero, cuando se pone, es un observador de gran categoría (“¿En qué momento pasa uno de aborrecer el mundo a observarlo?”, piensa Colina). Es un Jorge Isusi.
El mundo interior es, por tanto, el arreglo del mundo. Y Comedia de los días es la historia del desbordamiento del mundo interior de Colina: la dinámica realidad/ilusión/ensimismamiento va desequilibrándose vigorosamente en favor de estos dos últimos factores. Mientras tanto, el protagonista va cumpliendo con sus obligaciones rutinarias con gran éxito y resolviendo problemas sin darse cuenta, cada vez más ido, en lo que yo interpreto como una metáfora del absurdo del mundo castrense, aunque no sé si Jorge Isusi ha querido meterse en semejantes disquisiciones porque es un hombre correctísimo y respetuoso (aunque usted no lo sepa).
Mientras se produce la crecida del mundo interior, Isusi nos ofrece varios hallazgos literarios en cada capítulo; mi favorito es, tal vez, el desajuste temporal en el intercambio epistolar entre Colina y su tío, con cartas que se cruzan a destiempo y haciendo que la cadena natural de preguntas y respuestas descarrile; usted no conoce a Isusi, pero este descuadre de la correspondencia suena a una de sus peores pesadillas.
Una vez dicho todo esto, me niego a seguir hablando de Comedia de los días, un libro de ligereza solo aparente, de una amenidad cómica pero grave, un libro que nos invita a mirarnos a nosotros mismos y a poner en marcha remedios íntimos y estáticos contra la tragedia de vivir. Porque Isusi sabe que el remedio lo llevamos dentro. Y me niego a seguir hablando del libro; no porque no me apetezca, sino porque considero que es el momento de que usted lo lea. Usted quiere leer a Jorge Isusi aunque todavía no lo sepa.