Trump o el espejo

(Sentimos mucho nuestra larguísima ausencia, que se ha debido a la dedicación exclusiva a la cosa literaria. En ese sentido, esperamos ofrecer novedades en breve plazo. Mientras tanto, se ha reeditado La Herramienta Comercial, y ya se puede adquirir en formato electrónico aquí).

Si no hay novedades en los procedimientos judiciales, o si Biden no se rompe más huesos de aquí a enero, parece que se producirá el relevo en la presidencia norteamericana. La legislatura de Trump ha sido única por muchos motivos; el magnate neoyorquino lo ha puesto todo patas arriba, cosa que simultáneamente ha entusiasmado a sus partidarios y ha deprimido y acalorado en grado sumo a sus detractores.

Pero es lo que se esperaba cuando, contra todo pronóstico, Trump ganó las elecciones en 2016. Muchos norteamericanos le votaron porque era diferente y a pesar de todas sus contraindicaciones estéticas y formales. Y él ha respondido a las expectativas: cada día de cada semana se ha hecho notar, ha lanzado alguna provocación, se ha puesto en el primer plano de la actualidad. Trump ha centrifugado la realidad y no ha dejado de agitarla y desmenuzarla, quitándole todos sus corsés informativos y reglamentarios. Desde ese punto de vista, puede darse por satisfecho.

En cuanto a los resultados obtenidos en el plano puramente práctico, en la llevanza de los asuntos públicos, la presidencia de Trump no parece que vaya a quedar como una de las más destacadas. No vamos a entrar en ese balance administrativo porque es un trabajo que hacen formidablemente los analistas más conspicuos y sagaces. Sin embargo, esta legislatura nos ha puesto a todos los ciudadanos, norteamericanos o no, ante nuestra realidad personal, dado que todo el mundo se ha visto en la tesitura de opinar sobre Trump, de atacarlo, de defenderlo, etc. Además, las grandes corrientes desinformativas que cada vez nos azotan con más violencia han llevado su choque de trenes al centro mismo de la polémica trumpista, y nos han hecho tomar partido por una u otra hipótesis conspiratoria.

Los trumpistas dicen que Trump se ha enfrentado con bravura al establishment, a las élites globalistas, a los tenebrosos cenáculos del poder mundial que solamente desean perpetuar el orden judeomasónico -sí, esa expresión ha vuelto- que los ha hecho ricos; según sus partidarios, Trump ha discutido heroicamente y se ha enfrentado con las reglas del comercio mundial, ha cuestionado las convenciones de lo que se conoce como cambio climático, la ha liado parda en la OTAN, la ONU, la OMS y en todas las demás organizaciones inútiles que forman parte del tinglado. Al mismo tiempo, los antitrumpistas han caricaturizado al cuadragésimo quinto presidente norteamericano como un personaje guiñolesco y maleducado que ha puesto en peligro el frágil equilibrio internacional.

Una vez colocadas sobre la mesa estas premisas, no ha habido escapatoria, y si uno defendía puntualmente a Trump por algún motivo, era señalado como fascista indómito y totalitario. Si, por el contrario, uno quería destacar negativamente alguna política del presidente, los trumpianos lo atacaban por comunista bolivariano y liberticida.

Así, la posibilidad del libre examen se ha convertido en una empresa agotadora y que quizá no ha merecido la pena. Sin embargo, desde este blog siempre nos hemos destacado por las iniciativas sin pies ni cabeza, así que durante los últimos dos años de ausencia hemos hecho un esfuerzo por ver en lo que es y tratar de no repetir como un loro lo que se podía escuchar en las acaloradas tertulias y leer en cualquiera de las dos vertientes banderizas de la prensa actual.

Así, después de estudiar con detenimiento la figura de Trump a través de ensayos nutridos, artículos de fondo de gran peso específico y demás fuentes alejadas del hooliganismo de la CNN, Fox News, NBC, etcétera, y después de seguir al presidente en sus innumerables manifestaciones personales y explícitas que ha lanzado diariamente y a caño libre en las redes, tenemos una idea aproximada de lo que ha supuesto como presidente. Y podemos decir que su figura es una consecuencia de la lenta pero imparable degeneración del sistema político, y su figura ha sido, además, una desgracia para las instituciones democráticas norteamericanas, que, recordémoslo, son antiquísimas e importantísimas. Después de mucho estudio, podemos decir que Trump es el único presidente norteamericano que jamás ha dedicado un solo minuto de su tiempo en el cargo a alguna cosa que no haya sido su propio bienestar mediático y su fama. Trump es el presidente que menos conocimiento ha demostrado de sus funciones, al que menos le ha importado su relevancia institucional, y el que más ha ignorado los valores democráticos norteamericanos, que no son otros que la protección de las libertades civiles, la libertad de prensa, el respeto al diferente, la confianza en el sufragio universal y el acogimiento abierto al emigrado que fundó y ha hecho carburar el país. Podemos afirmar que Trump no ha tenido otra preocupación que sí mismo, no ha hecho otra cosa que tuitear ochenta veces al día exabruptos para su provecho promocional, ha abolido tácitamente la importancia de la verdad en sus manifestaciones.

Todas estas consideraciones son incontestables y están al margen de las políticas concretas que el presidente Trump ha ido desarrollando durante su mandato. Pero, ojo: no son asuntos sin importancia. Algunas personas de valía, provistas de una inteligencia notable y de un carácter eminentemente práctico, nos dicen que esos defectos de Trump pertenecen al ámbito de la más pura y vacía retórica, y que lo que importa es ser eficaz y obtener resultados. Sin embargo, nosotros somos personas algo ridículas y creemos que esa retórica vacía es algo muy importante. Y pensamos además que no estamos hablando de cuestiones relativas a la derecha o a la izquierda, ni al bipartidismo, ni que nuestras consideraciones se han emitido por rechazo al otro, ni por animadversión cainita. Creemos sinceramente que son producto de la observación agotadora, diaria, zoológica, del fenómeno Trump.

En el mundo de hoy, cuando alguien dice algo, parece que lo dice contra algo, o como respuesta al enemigo. Y cuando alguien escucha una opinión, lo primero que hace nunca es ver si tiene razón o no, sino que observa la ganadería del que emite esa opinión, puesto que se da por hecho que la verdad no importa y que las cosas se dicen solamente en función del daño que pueden hacer al enemigo, aunque sean falsas. La veracidad de una información es muchísimo menos importante que su toxicidad. Si una noticia infundada puede hacer daño a las personas que me dan grima, adelante con ello. La lanzo al espacio radioeléctrico sin pensarlo un solo minuto.

Este panorama todavía pone los pelos de punta a unas pocas personas desoladas que, en el colmo de la candidez, piensan que a veces el adversario tiene razón, y que lo que importa es tener un retrato más o menos aproximado de la realidad de las cosas. A toda esta gente queremos enviarle desde aquí un caluroso abrazo.

Adquiere aquí la novela de Pedro Gumuzio ‘La herramienta comercial’, reeditada en formato digital por Taormina

2 comentarios en “Trump o el espejo

  1. Recibo tu caluroso abrazo y lo envío en sentido recíproco con palmadita extra incluida.
    No olvides avisar de cuando publiques esa pedazo de obra, que sólo con llegar a los calcetines de la Herramienta, ya habrá merecido la pena

    Un trumpista enamorado

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